
Dirección y guión: Wong Kar-Wai.
País: China.
Año: 2004.
Duración: 120 min.
Género: Drama romántico.
Interpretación: Tony Leung (Chow Mo Wan), Gong Li (Su Li Zhen), Takuya (Tak Kimura), Faye Wong (Wang Jing Wen), Zhang Ziyi (Bai Ling), Carina Lau (Lulu/Mimi), Chang Chen (CC 1966), Wang Sum (Sr. Wang/Jefe del tren), Siu Ping Lam (Ah Ping), Maggie Cheung (SLZ 1960), Dong Jie (Wang Jie Wen).
Producción: Wong Kar-Wai.
Música: Peer Raben y Shigeru Umebayashi.
Fotografía: Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung.
"El amor es cuestión de coordinación. De nada sirve encontrar la persona, si no es el momento adecuado".

Esta cita de 2046 resume la espesa trama de historias articuladas en esta nueva escala en el camino de búsqueda de Wong Kar-wai. Búsqueda, ensayo, experimentación en las maneras de filmar una(s) historia(s) de amor, búsqueda de una imagen cada vez más depurada, exposición de un virtuosismo apabullante. Si manierismo quiso decir en un principio "a la manera de", 2046 es –más que ninguna otra– una película filmada a la manera de Wong Kar-wai, al tiempo que un film plásticamente manierista. Film suma, film compendio de toda su filmografía.
El masoquismo del ser humano es insorteable. Durante toda la vida somos esclavos de lo que pudo ocurrir y nunca fue, tan mendigos de los recuerdos como vasallos del olvido. Wong Kar-Wai, cazador del instante fugaz, de la pasión maldita que surge atrapada entre un pasa-do imperfecto y un futuro imposible, nos cuenta esto y bastante más en “2046”; quizás nada que no supiéramos ya, pero los relatos de este cineasta natural de Shanghai, no por sutiles menos directos, siempre estallan como revelaciones mágicas, igual que esos secretos que, co-mo él mismo no se cansa de repetirnos, se susurran en el agujero de un árbol para posteriormente ser enterrados bajo el barro.
La comparación con Con ánimo de amar (2000) resulta inevitable, porque 2046 está concebido como una suerte de particular continuación de aquél –que de todas maneras permanece insuperado–, en una serie abierta antes, en Days Of Being Wild (1991). El protagonista masculino es el mismo, varios años después, y su relato (en off) de su nueva situación en Hong Kong establece una permanente relación intertextual con el film previo. Tony Leung compone una prolongación de su recordado personaje, quien ha perdido aquella timidez y turbación y se ha convertido en un hombre escéptico, desesperanzado, sin ánimo de amar, marcado hasta el dolor por el recuerdo de aquel amor no consumado. Hay incluso una fugaz escena en blanco y negro con Maggie Cheung, un instante de Con ánimo de amar, en el que lamenta haber dejado escapar un final feliz. Una vez más Wong Kar-wai se muestra obsesionado por la imposibilidad del amor, el dolor de la separación y el sino de la soledad, y expresa las variaciones del desencuentro entre el sexo y el amor, con un acendrado romanticismo.

La historia está narrada según el estilo fragmentario de Wong, recorriendo un laberinto de pasillos que parecen bifurcarse para llevar al protagonista de una hermosa mujer a otra, desde la apostadora profesional y misteriosa Su Li Zhen (Gong Li, la extraordinaria actriz de Zhang Yimou) a la cortesana Lulú, de ésta a su joven vecina de cuarto Bai Ling (la bella Zhang Ziyi, actriz de El tigre y el dragón, Héroe y La casa de las dagas voladoras) y por fin a la cándida hija del dueño del hotel (Faye Wong), sin poder entregarse al amor. El camino nunca es en línea recta sino zigzagueante, con entradas y salidas, avances y flashbacks, donde el tránsito y la acción de volver se convierten en una constante. Este puzzle intersecta la realidad de su historia con la virtualidad de una novela que Chow Mo-wan (el personaje de Leung) está escribiendo, concebida en un mundo de ciencia ficción en el futuro año 2046, lo cual nos lleva también por distintos caminos temporales hacia el futuro, el presente y el pasado. Se produce entonces un cruce de dos mundos: el de la Hong Kong de los nostálgicos años '60 y el de un tecno-futuro año 2046, cifra que proviene del número de un cuarto del hotel donde vive Chow. 2046 es un momento de desarrollada tecnología, un mundo de androides que operan como emanaciones de los personajes de los '60, un futuro hacia donde se viaja en tren en busca de los recuerdos perdidos y del que nadie regresa. El tiempo y la memoria entonces, también como temas constantes. A pesar del aparente desorden provocado por la fragmentación, los intertítulos sobre fondo negro ubican temporalmente cada bloque narrativo, desde su regreso de Singapur a Hong Kong en 1963, hasta la navidad de 1969, cuando es Bai Ling quien parte hacia Singapur, cerrando el círculo.
Tony Leung - actor fetiche de Wong Kar wai - interpreta nuevamente al señor Chow, periodista y escritor visto en "Con ánimo de amar", mientras que la atribulada heroína que allí encarnó Maggie Cheung apenas aparece ahora en unos pocos planos y ha sido reemplazada por otras cuatro estrellas asiáticas: Zhang Ziyi ("El tigre y el dragón"), Gong Li (la musa de Zhang Yimou), Faye Wong y Carina Lau.
Sinfonía cinematográfica que repite sus movimientos, su leit-motiv, una y otra vez con sutiles variaciones, "2046" también encuentra en la ópera no sólo un fuerte sostén musical, sino incluso la fuerza espiritual que le da vida. La banda de sonido no podría ser más apropiada para el melodrama: desde los boleros como "Perfidia", las arias de las óperas de Bellini –"Norma" y "El pirata"–, Siboney y la voz de Nat King Cole, pasando por partituras de Peer Raben –músico de Fassbinder–, Zbigniew Preisner –músico de Kieslowski–, Georges Delerue –de Truffaut– hasta la música original de Shigeru Umebayashi, la selección es tan exquisita como el desfile de vestidos de las mujeres, comparables a los que lucía Maggie Cheung en el film anterior.

Wong Kar-wai se permite subvertir esos y otros tabúes del cine asiático, mientras apela también a todos los recursos visuales y narrativos a su alcance: filma por primera vez en pantalla ancha y con lentes anamórficos; utiliza aforismos, carteles, imágenes de archivo y una permanente voz en off que interactúan con los diálogos y amplifican la carga lírica y nostálgica del relato, y salta del idealizado 2046 a las decadentes habitaciones del hotel Oriental en el convulsionado Hong Kong de fines de la década de 1960, donde se producen crímenes pasionales y -ahora sí- Chow mantiene fogosos encuentros sexuales con sus diversas pretendientes. La audacia se extiende también a los diálogos: Leung habla en cantonés; Gong Li y Zhang Ziyi, en mandarín, y el astro japonés Takuya Kimura, en su idioma, incluso en las escenas en las que dialogan entre ellos.
Fascinante y misterioso estudio sobre la manipulación, los celos, la pasión, los distintos grados de compromiso en las relaciones afectivas y la imposibilidad de construir un futuro sin resolver las cuentas pendientes con el pasado, "2046" encuentra en Tony Leung a un intérprete perfecto para esta mezcla de escritor bohemio a la Charles Bukowski, intelectual proustiano, Don Juan melancólico, galán de cine clásico y voyeurista profesional. 
Los rubros técnicos -como en todo el cine de Wong Kar-wai- son prodigiosos. Cada plano es una obra de arte trabajada con la obsesividad y la sensibilidad de los grandes maestros. Los tres directores de fotografía (el australiano Christopher Doyle, el hongkonés Lai Yiu-fai y el chino Kwan Pung-leung) hacen magia con la luz y las diferentes texturas de las imágenes, mientras que igual de fastuoso es el aporte de su habitual diseñador y montajista William Chang. La ecléctica banda de sonido es otro regocijo para cinéfilos-melómanos, ya que combina las evocativas composiciones originales del alemán Peer Raben (viejo compañero artístico de Rainer Werner Fassbinder) y del japonés Shigeru Umebayashi con temas de Xavier Cugat, Mel Tormé o Zbigniew Preisner y las voces de Nat King Cole, Connie Francis o Dean Martin.
El resultado, engañosamente casual pero preciso en su construcción, es un sublime revulsivo para el espíritu, extraor-dinario en su belleza, elegante en sus maneras y agitador por su exótica proxi-midad. En “2046”, sentido y sensibili-dad se abrazan para dar cobijo a una visión descarnada, pesimista, exte-nuante de nuestra naturaleza román-tica, es decir, espantosamente real. Resaca, íntima e intimista, de ideas y vi-vencias, revisitación propia y ajena donde la sombra de lo perecedero es más alar-gada que nunca, a lo que hace Wong Kar-Wai la etiqueta de película se le que-da corta. Sus trabajos son siempre experiencias demoledoras, porque acarician sentidos y muerden sentimientos. Si su cine gusta, no se aprecia, se adora. Lo dicho, el masoquismo del ser humano es insor-teable.
El director de "Felices juntos", "La caída de los ángeles" y "Chungking Express", probablemente uno de los pocos (¿últimos?) verdaderos genios visionarios del cine contemporáneo, construye una película sofisticada y de una belleza embriagadora. Con este film Wong Kar-wai alcanza su cumbre poética, la culminación de una búsqueda y una estilización que no tiene similar, si aun no entienden que se trata el amor, viendo esta película quizas encuentren respuestas.

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