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2006-07-11

FIONA APPLE - EXTRAORDINARY MACHINE



"I'm such an incredibly, stupidly sensitive person that everything that happens to me, I experience it really intensely. I feel everything very deeply. And when you feel things deeply and you think about things a lot and you think about how you feel, you learn a lot about yourself. And when you know yourself, you know life" - Fiona Apple, 1996

Esta historia es como una muñeca rusa, pero con la forma de la polémica fruta que provocó la expulsión del paraíso de los primeros seres humanos bíblicos: la manzana. En este caso, la manzana principal es Nueva York, donde se desenvuelven los protagonistas. La siguiente, la industria musical representada por el sello Epic, dependiente de la transnacional Sony/BMG. Luego, “Extraordinary machine”, el lanzamiento más polémico del año, un disco censurado, aplazado, pirateado y sobre todo inspirado. Y, finalmente, la irreductible: Fiona Apple, su creadora.

Fiona Apple acaba de cumplir 28 años y es la autora con más carácter de su generación. Pianista, compositora y cantante, ha mezclado la dulzura, la belleza y el fastidio en sus canciones, y una sola muestra de su agraz humor es su decisión de titular su disco anterior con un poema de 90 palabras, que hace obligatorio citar sólo el primer verso, “When the pawn hits the conflicts...”. Sus fans, igual de fastidiosos, no han dudado en protestar al darse cuenta de que la demora en la publicación de “Extraordinary machine” no es un simple retraso. El disco fue terminado en mayo de 2003. Recién aparecerá este 4 de octubre, dos años más tarde, y luego de un camino lleno de escollos.

El fruto prohibido

En mayo de 2003, el desenfado de Fiona Apple al tocar piano, su canto rabioso, enérgico, áspero y cercano a Tom Waits, y su actitud de pocos amigos, ya no encajaban dentro del negocio musical. La gente prefería a cantantes políticamente correctas -por no decir insulsas-, como Norah Jones, que había ganado cinco premios Grammy en 2002. Era el turno de féminas felices,
relajadas, dulzonas. No convenía apostar por una pianista desgarbada que se salía de ese esquema exitoso. Y sucedió lo obvio. El sello Epic rechazó “Extraordinary machine” por “poco comercial” y por tener canciones “muy experimentales”, y suspendió indefinidamente su lanzamiento hasta tener un “single” radial apropiado.

La reacción tomó forma. En enero pasado, los seguidores de Apple se enlistaron en “Free Fiona!”, la campaña oficial de apoyo al disco, organizada por un músico de 21 años, nativo de Missouri, llamado Dave Muscato. Con la página web www.freefiona.com como base, los fans de la cantante acordaron molestar hasta el hastío y a través de todos los medios posibles a los ejecutivos del sello.


A Andrew Lack, el director gerente de Sony Music, le llovieron las críticas. Los Apple-rebeldes no sólo se encargaron de colapsar su mail con reclamos y su oficina con cartas, sino que también de manifestarse en la entrada al edificio de la compañía y de enviarle más de 1.500 manzanas falsas por correo certificado desde todas partes del mundo. Protestas fútiles para muchos, pero efectivas. Varios medios de comunicación, como “The New York Times”, “Newsweek”, “Spin”, “Rolling Stone” y MTV, prestaron atención a la causa, que a estas alturas era casi romántica.

En paralelo, “Extraordinary machine” ya estaba en el ciberespacio, íntegramente disponible en Internet. En noviembre de 2004, dos de sus canciones aparecieron extrañamente publicadas en sitios web, y también en enero de este año el DJ de una radio de Seattle, llamado Andrew Harms, programó el resto del álbum. No hizo falta más para que de ahí las canciones fueran pirateadas, subidas a la red y copiadas al infinito.

Fiona Apple ya era ilegal. Y la reacción de la RIAA, el organismo de defensa de los derechos de autor en Estados Unidos, no se hizo esperar. De común acuerdo con el sello, empezó a perseguir y desbaratar los websites que ofrecían el disco gratis. Según las mediciones especializa
das en el área de archivos musicales compartidos, el tráfico de estas canciones de Fiona Apple es modesto en comparación con la música que los fans bajan de artistas como 50 Cent o The Killers en esta temporada, pero es significativa por el hecho de que se trata de un disco clandestino y oficialmente inédito, desprovisto aún de cualquier campaña de marketing o difusión.

Esa es otra de las repuestas que podrá dar “Extraordinary machine”, porque someterá a prueba los principios con los que la industria ha satanizado la irrupción del MP3. Es posible que ciertos seguidores de Fiona Apple desdeñen ahora el CD original, porque ya tienen la música en sus discos duros. Pero también es posible que sirva como un anzuelo para esas y otras audiencias. En tal caso, como sostienen muchos, Internet puede ser un aliado de la industria, al actuar como una vitrina. De hecho, una de las interpretaciones de este asunto considera que pueda haber sido una estrategia de la propia Epic el haber filtrado el disco a las radios.

En este caso particular, además, está a favor la expectativa. Han sido cuatro años de silencio de una cantautora con una voz expresiva y excepcional, que comenzó a tocar piano a los ochos años y a componer canciones a los doce, después de la separación de sus padres y de haber sufrido una brutal violación. Y ya desde su título, “Extraordinary machine”, da señales de que hay que irse con cuidado, con calma, predisponiéndose para el placer porque se trata de un aparato, al parecer, fabuloso.


LA MÁQUINA EXTRAORDINARIA


La propia Fiona Apple se ha mostrado escueta ante todo este revuelo: “Ahora que está totalmente terminado, tengo muchas ganas de que la gente escuche lo que hemos hecho. Estoy muy orgullosa del disco y de todos los que hemos trabajado en él”, declara en su página web.

No sólo son palabras de buena crianza. “Extraordinary machine” es un álbum cargado de complejos arreglos musicales y sofisticadas texturas, que recuerdan a montajes orquestados al modo de un cabaret como el Moulin Rouge y a los géneros del music hall y el vodevil. Toulouse-Lautrec hubiera sido feliz diseñándole una carátula bien colorida, con hartos detallitos femeninos, o aconsejándole abandonar la tradicional sencillez de sus presentaciones en vivo.

No fue necesario resucitar al pintor para eso. Al menos en la parte musical, el trabajo lo hizo John Brion, el productor que ya había trabajado con Fiona en su segundo disco. Compositor de las bandas sonoras para las películas “Punch-drunk love” y “Eternal sunshine...”, Brion se encargó de orquestar de modo exquisito el piano y la voz pastosa de Apple en las 12 canciones que integran el disco. Cada una de ellas delata la intervención del teatral oído de Brion, por medio de sonidos elegantes, divertidos, coquetos e infantiles, que remiten a aquellos que salen tras abrir una caja de música circense o accionar algún juguete antiguo.

Después de más de dos años de conflicto, el disco no es el mismo que al comienzo. Hay modificaciones en las canciones y hay dos composiciones inéditas agregadas. Pero sigue siendo la música que mejor ha retratado en años las pugnas actuales en juego, del talento contra la industria y de la tecnología contra la legalidad, además del contraste entre la belleza y el fastidio propio de Fiona Apple. Termina la fase clandestina de la cantante más expresiva del último tiempo, y la canción que lleva el nombre de “Extraordinary machine” advierte en su coro: “Sé amable conmigo o trátame bien, tacaño / lo aprovecharé al máximo / soy una máquina extraordinaria”. Que así sea.


‘‘Extraordinary machine’’ (2005). La voz es más profunda, la vibración más sensible, la primera declaración tan o más drástica que antes: ‘‘Esto no es cuestión de amor, porque no estoy enamorada’’, advierte Fiona Apple al comienzo de su tercer disco. Su afinación es perturbadora en ‘‘Red, red, red’’ y las modulaciones exquisitas de ‘‘Get him’’ están al servicio de versos como ‘‘Ahora cada hombre que veo / Me recuerda al hombre que me decepcionó’’. La producción de John Brion, el mismo del álbum precedente, vuelve a combinar piano, bajo y batería rockeros, pero agrega un inédito acento alegórico a varias canciones que rayan en lo vodevilesco, incluido un sorprendente vals titulado simplemente ‘‘Waltz’’ y la canción ‘‘Extraordinary machine’’, que es como seguir a la cantante entre los camerinos, bastidores y corredores de un antiguo teatro. Es un arreglo hecho de cuerdas, oboes, clarinetes y flautas en torno a la voz de Fiona Apple en falsetes, vibratos y un sutil matiz de blues con una campanada final. El tipo que dictaminó que este disco no funcionaría en la radio es simplemente un inepto: el estribillo de ‘‘Oh sailor’’ es amor a primera oída. Y cuando no es así de amable, este disco muestra sus canciones de armonías y melodías trabadas, desajustadas, incómodas, pero bellas: Fiona Apple, expresiva e inspirada.


GENERO: POP, ALTERNATIVE POP
PUNTUACION: 8.0 / 10

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