
The Flaming Lips, afirman que este último disco es una mezcla de Marvin Gaye y Black Sabbath de viaje con mucho LSD.
El retorno del grupo de Wayne Coine después del aclamado “Yoshimi Battles the Pink Robots” puede decepcionar un tanto en su primera escucha al oyente más ansioso de remedar los mejores logros del trabajo anterior, pero el menos impaciente podrá ir poco a poco descubriendo la rica heterogeneidad de un álbum disperso con una clara influencia en su concepto: los Pink Floyd de finales de los años 60 y los 70, sin desdeñar el rock experimental de Frank Zappa, el art-rock de los Genesis de Peter Gabriel, el funk a lo Prince, las melodías de Todd Rundgren o el soft-rock de Steely Dan.
El ecléctico álbum, necesitado de varias escuchas (como casi todos los discos de cimiento psicoprogresivo) para apreciar su real valía, oferta con comentarios sociales y políticos un amasijo de texturas space-rock con pasajes delineados por efluvios de LSD, prog-rock a lo Pink Floyd, King Crimson o ELP, retazos de la ELO…una especie de collage post-moderno con momentos demasiado pretenciosos y otros de cierto interés dentro de las creativas pautas de la escritura de The Flaming Lips.
Es uno de los mayores misterios de los últimos años esta posición de preeminencia que ha terminado por alcanzar un grupo tan disparatado y excéntrico como The Flaming Lips. Pero no deja de ser una bendición. Su nuevo disco, esperado durante cuatro años, parece cerrar la trilogía existencialista abierta con “The Soft Bulletin”, el disco que los hizo alcanzar esta inesperada fama. Durante estos años les hemos acompañado en un viaje hacia territorios ignotos, en cierto modo abriendo brecha para el pop con una serie de constantes temáticas y estéticas muy personales, que los han convertido en un grupo único en su especie.
A estas tempranas alturas “At War with the Mystics”, frente a sus compañeros de ciclo, aparece como una suerte de hermano menor. Carece de la imponente presencia y la solemnidad de “The Soft Bulletin” (probablemente su obra maestra definitiva), o la claridad melódica y la agridulce clarividencia de “Yoshimi Battles the Pink Robots”. Ni siquiera plantea una vía intermedia entre los dos. “At War With The Mystics”, más deslavazado y despojado finalmente de cualquier verdadera pretensión conceptual, pretende ser una versión más ligera, más rockera incluso, de estos Flaming Lips filosóficos, elegiacos y que emplean la fantasía y la ciencia-ficción como alegorías teñidas de humor para tratar, en realidad, las cuestiones más graves y eternas. Como novedad, hay un perfil politizado en este disco, tal vez resituando en la Tierra parte del escenario de la lucha cósmica entre el Bien y el Mal y la búsqueda del Sentido de la Vida, como unos Monty Python del rock'n'roll enfrentados a un George W. Bush aún más temible (e increíble) que los Robots Rosas del pasado.
Si por algo nos gusta At War With The Mystics es porque, una vez más, el trío de Oklahoma consigue trasmitirnos ese mensaje tan optimista que abandera desde sus orígenes: otro mundo es posible y nosotros somos responsables de conseguirlo. No se trata de filosofía barata, sino de tener los pies en el suelo para señalar las injusticias y la cabeza en las nubes para luchar contra ellas, revalorizar la utopía y evadirse gracias a esas galaxias a las que sólo ellos saben transportarnos con su música.
Dos fogonazos abren el disco, “The Yeah Yeah Yeah Song” y “Free Radicals”. Musicalmente ambos cortes, y especialmente el fulgurante estribillo del primero, resultan una refrescante recuperación de otros Flaming Lips, anteriores a su romance con los teclados y las atmósferas. Pero la misma encantadora puerilidad y el mismo candor que hacían tan especial su aproximación a los devastadores efectos de la muerte y los insondables misterios del Universo, no terminan de iluminar con igual intensidad las tupidas tramas del poder. Son letras flojas, que en ese continuo equilibrio de Coyne entre lo sublime y lo ridículo, se caen hacia el lado que no es. Lo que no significa que escuchadas a pleno volumen no cumplan otras funciones, casi igual de importantes, tal vez más. “Yeah Yeah Yeah Song”, con ritmo a lo Paul Simon, aplausos, coro con ridículas voces en falsete que pretenden ser divertidas, empleo del vocoder y diatribas sobre los mecanismos de poder (en clara referencia a George W. Bush), abre un disco que pronto se arrima a las piezas funk de Prince en “Free Radicals” y a la psicodelia con ropaje soft-rock de tipo melancólico en el medio tiempo “The Sound of Failure”, tema terminado con relajados sonidos de flauta en “It’s Dark…Is It Always This Dark?”.
Un trip central más existencialista, musicalmente más pausado y psicodélico da comienzo con “The Sound Of Failure”, se prolonga con una de las cumbres del disco, “My Cosmic Autumn Rebellion” (El tempo sigue templado en esta balada, pieza con piano, efectos espaciales y fuzz guitar que retrata el fin de una estación con nostalgia y esperanza de permanencia en una emoción placentera)y culmina en “The Vein of Stars”, y en cierto modo en el prodigioso coda de “It Overtakes Me”. “The Wizzard Turns On…”, tema instrumental claramente influenciado por los pasajes psicoespaciales de Pink Floyd. Aquí los Lips rozan sus mejores momentos de los últimos tiempos, profundos a la par que encantadores, y musicalmente dignos de su fama. Sin embargo, el corte más prodigioso viene algo más tarde, una cumbre existencialista como las de antaño, pero en una vena musical diferente, más íntima y sin aspiraciones de himno. “Mr Ambulance Driver” tiene la devastadora profundidad y el patetismo de los “What Is That Light”, “Do You Realize?” o “It's Summertime”, pero bajo una envoltura que pretender afirmar un carácter falsamente menor. Una canción redonda de soul pop en la vena de Bill Whiters envuelve un relato tremendo: las atormentadas tribulaciones de un amante o esposo que espera la llegada de la ambulancia, mientras su amada se muere en sus brazos. Y de nuevo, una nueva cumbre del mejor Coyne surge en un momento mágico: “Esperando que llegue la ambulancia/ Deseando que no llegue demasiado tarde/ Oyendo las sirenas en la distancia/ Aguanta, la ayuda está en camino/ Sr. Conductor de la ambulancia, aquí estoy junto a ella/ Y aunque viviré, de alguna manera he descubierto/ Sr. Conductor de la Ambulancia, que no soy un verdadero superviviente/ Porque desearía ser yo/ el que no estará aquí nunca más/ No podemos cambiar nuestros lugares/ nuestras vidas son extrañamente nuestras/ Sr. Conductor dígame/ que por cada persona que muere, nace alguien nuevo”.
Y no es éste el único referente de música negra, porque en cierto modo “At War...” pone de más de relieve que nunca la evidente conexión de los Lips con otros maestros del existencialismo envuelto en el absurdo y el show fantasioso. Porque se antoja que hay algo de Funkadelic en el primer bloque “It Overtakes Me”, o en el falsete casi digno de Prince de “Free Radicals”, incluso en el mejor de los fogonazos, ese “The W.A.N.D” (acrónimo de “La Voluntad Siempre Niega la Derrota”), de riff demoledor, y repleto del mismo espíritu lúdico pero “didáctico” de las aventuras de George Clinton. Es una alternativa obvia que se les ofrecía como puente entre sus deseos de incrementar su vena rock sin perder su búsqueda psicodélica, y de la que obtienen muy buenos resultados. “The W.A.N.D.” es la mejor canción del disco, amalgamando a la perfección un riff hard-rock, tempos bailongos funk, efectos psicodélicos, armonías vocales lisérgicas y comentarios sociopolíticos sobre el fanatismo de los líderes del mundo.

Para el final, sin embargo, reservan dos joyas muy diferentes de todo esto y entre sí, y que justifican definitivamente la entidad del álbum. “Pompeii Am Götterdämmerung” es un placer culpable, una pieza progresiva rotunda, pomposa y que no pide disculpas por serlo, pero que crece apoteósicamente, los Pink Floyd vuelven a ser los gurús de la composición de Coine. La melodía y la atmósfera volcánica-taciturna resultan turbadoras en una historia que parece tratar sobre el suicidio de una pareja. Y finalmente “Goin' On”, una miniatura conmovedora, la pieza de música más sencilla y desnuda que han ofrecido los Lips en años, que parece casi extraída de los descartes de “Music From Big Pink” de The Band en sutileza, sencillez y profundidad. El coda perfecto para un disco que se dibuja nuevamente elegiaco, absurdo, alucinado, grandioso y pequeño. Un disco que pretende, una vez más, contener la vida entera en cincuenta minutos de música. Y que, una vez más, en ocasiones obra el milagro de conseguirlo, melódica balada con sonido de piano eléctrico (seguramente un Fender Rhodes) que bien podría ser cantada por Paul McCartney o Todd Rundgren.
Aqui el playlist del disco:
1. "The Yeah Yeah Yeah Song (With All Your Power)" – 4:55
2. "Free Radicals (A Hallucination of the Christmas Skeleton Pleading with a Suicide Bomber)" – 3:39
3.- "The Sound of Failure / It's Dark... Is It Always this Dark??" – 7:18
4. "My Cosmic Autumn Rebellion (The Inner Life as Blazing Shield of Defiance and Optimism as Celestial Spear of Action)" – 4:49
5. "Vein of Stars" – 4:15
6. "The Wizard Turns On... The Giant Silver Flashlight and Puts on His Werewolf Moccasins" – 3:41
7. "It Overtakes Me / The Stars Are So Big... I Am So Small... Do I Stand a Chance?" – 6:50
7. "Mr. Ambulance Driver" – 4:21
8. "Haven't Got a Clue" – 3:23
9. "The W.A.N.D. (The Will Always Negates Defeat)" – 3:44
10. "Pompeii am Götterdämmerung" – 4:19
11. "Goin' On" – 3:39

No solo experimental con la musical de manera casi genial sino tambien persiguen ideales politicos y no pueden callar en una época conmocionada por la violencia: Unas ideas y un entusiasmo que también se reflejan en los textos de “At War With The Mystics”, el disco de The Flamings que, a nivel lírico, más toca con los pies en el suelo. En tiempos díficiles a los artistas les toca tomar partido. “The W.A.N.D” y “Yeah, Yeah, Yeah Song”, incluyen claras alusiones a la administración Bush en frases como “Tienen sus armas para resolver todas sus preguntas” o “¿Qué harías si pudieras hacer volar por los aires el mundo con tan solo un abrir y cerrar de ojos? ¿Serías capaz?”.“Creo que hay un elemento en The Flaming Lips que tiene que ver con un optimismo casi infantil, somos conscientes de ello, pero vamos más allá y sabemos que el optimismono lo conquista todo. La verdad es que intento dirigirme hacia cualquier cosa que nos esté pasando para enfrentarme a ella, hacer canciones y convertirlo en arte. De hecho empezamos este álbum con la idea de escribir acerca de nuestro espacio, de dragones y de cosas místicas, de lo sobrenatural en definitiva. Pero, como es normal, nos hemos topado con George Bush, los terroristas suicidas… todas esas cosas las hemos experimentado. Así que por un lado te encuentras con una voz que sale de nosotros: ´es fantástico, todo el mundo reluce, brilla´, pero luego te vienen todas esas experiencias: la guerra, Bush, y este tipo de cosas… No creo que nadie pueda hacer un disco en estos momentos sin hacer referencia a ellas. Está claro que apuntamos a Bush, a lo estúpido que es, a su poder… Pero al mismo tiempo nos señalamos a nosotros mismos. No puedes señalar a nadie si antes no has hecho lo propio contigo mismo. Ya sabes, si fuéramos Bush y tuviésemos ese poder, ¿también haríamos lo mismo?”. Curiosa y acertada reflexión para finalizar una entrevista.
SITE: THE FLAMING LIPS
VIDEO: THE YEAH YEAH YEAH SONG - THE FLAMING LIPS FROM AT WAR WITH THE MYSTICS
GENERO: ALTERNATIVE, ART ROCK, POST ROCK
PUNTUACION: 8.0/ 10

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