
Mil novecientos ochenta y cuatro se considera como una de las obras cumbre de la trilogía de las antiutopías de principios del siglo XX (o la también llamada ciencia ficción distópica), junto a la novela de 1932 Un mundo feliz (A brave new world en inglés), de Aldous Huxley; y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Algunos consideran a esta novela un plagio de la obra Nosotros escrita por Evgeny Zamiatin en 1921 aunque Orwell reconoció su influencia en su novela. En la novela el estado omnipresente obliga a cumplir las leyes y normas a los miembros del partido totalitario mediante el adoctrinamiento, la propaganda, el miedo y el castigo despiadado. La novela introdujo los conceptos del siempre presente y vigilante Gran Hermano, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del pensamiento y de la neolengua, adaptación del inglés en la que se reduce y se transforma el léxico -lo que no está en la lengua, no puede ser pensado-. Muchos comentaristas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad Orwelliana. El término Orwelliano se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela. La novela fue un éxito en términos de ventas y se ha convertido en uno de los más influyentes libros del siglo XX.
Representa un mundo de pesadilla, en el cual cobra existencia una sociedad totalitaria que se adueña de la psique de sus integrantes. El omnipresente Gran Hermano (cuya existencia es innegable y al mismo tiempo incomprobable), la policía de la mente, la neolengua (creación-imposición de un lenguaje fuera del cual nada puede ser pensado), el temido crimen mental (o crimental), la existencia de cuatro ministerios (el del Amor, el de la Paz, el de la Abundancia y el de la Verdad) son los mecanismos que permiten el control sobre los sujetos, quienes no conocen la intimidad ni el libre pensamiento y tienen prohibido el placer sexual. Winston Smith forma parte de un grupo que se opone a dicho estado de cosas: pero será Gran Hermano quien resulte finalmente triunfador. Uno de los lugares destacados lo cumple el citado Ministerio de la Verdad, en el que Smith trabaja, y que se encarga de reescribir la historia, utilizando para ello los medios de comunicación. Esto último cumple un papel fundamental, ya que, como se sostiene en la novela, “quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado”.
1984 sitúa su acción en un Estado totalitario. Como explica O’Brien, el astuto y misterioso miembro de la dirección del partido dominante, el poder es el valor absoluto y único: para conquistarlo no hay nada en el mundo que no deba ser sacrificado y, una vez alcanzado, nada queda de importante en la vida a no ser la voluntad de conservarlo a cualquier precio. La vigilancia despiadada de este Superestado ha llegado a apoderarse de la vida y la consciencia de sus súbditos, interviniendo incluso y sobre todo en las esferas más íntimas de los sentimientos humanos. Todo está controlado por la sombría y omnipresente figura del Gran Hermano, el jefe que todo lo ve, todo lo escucha y todo lo dispone. Winston Smith, el protagonista, aparece inicialmente como símbolo de la rebelión contra este poder monstruoso, pero conforme el relato avanza está cada vez más cazado por este engranaje, omnipotente y cruel. Por su magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos, 1984 es una de las novelas más inquietantes y atractivas del siglo XX.
Esta sociedad produce figuras propicias a determinadas formas del padecimiento psíquico: el estar en falta produce un estado de insatisfacción que se asocia al vacío y depresión; la velocidad, el aislamiento, la fragmentación social llevan a crisis identificatorias, patologías del acto, pérdida de deseo. No son cambios superficiales, ya que obligan a redefiniciones clínicas y a repensar los tratamientos.
Si bien 1984 refleja un Estado totalitario llevado al límite, no es necesario un Estado totalitario para que algunos de los mecanismos de 1984 se pongan en juego. Vivimos en una sociedad en la cual algunos de los mecanismos expresados en esa novela coexisten con aquella otra pesadilla expresada por Aldous Huxley en Un mundo feliz.
LA BATALLA ELECTORAL EN ESTADOS UNIDOS
Lo han visto más de un millón de personas en YouTube y muchos se preguntan si no cambiara la forma de hacer campaña política en los Estados Unidos. 'ParkRidge47', un usuario anónimo registrado en el portal de vídeos Youtube, ha "colgado" una pieza que ha revolucionado la campaña por la candidatura demócrata a la presidencia de EEUU. Más de 1,3 millones de personas ya lo han visto en Internet. Es 'Vote different', un vídeo que utiliza una campaña publicitaria empleada por la compañía informática Apple en 1984 para situar a Hillary Clinton en el papel del Gran Hermano, el personaje que creó George Orwell en su famosa novela. El vídeo fue publicado en YouTube el 5 de marzo por un usuario anónimo.En una gran pantalla, la mujer de Bill Clinton "hipnotiza" a su audiencia homogénea y esclavizada, las imágenes son extractos de discursos reales de la candidata. Mientras una chica corre con una maza entre las manos hasta que la arroja contra la pantalla. El mensaje final, "El 14 de enero empezarán las primarias del partido Demócrata. Y verás por qué 2008 no será otro 1984" y la imagen final, un logotipo de colores y forma de 'O' (por el otro candidato demócrata Barack Obama), también son "copias" del mensaje que empleó Apple y el logotipo de la compañía de Steve Jobs.
A pesar de la negativa de Obama sobre la participación de sus equipos electorales en la elaboración del vídeo, se ha descubierto que fue elaborado por Philip de Vellis, un estratega que trabajaba para Blue State, firma vinculada al Partido Demócrata y responsables de parte de la campaña del senador Obama. Como era de esperar, tanto desde el bando de Obama como de Blue State se afirma que De Vellis actuó de forma independiente.
Internet se ha convertido en una nueva arma electoral desconocida hasta ahora. Los portales de vídeos, los blogs y los espacios personales son una vía de comunicación que los políticos comienzan a descubrir. De hecho, varios candidatos a ocupar el Despacho Oval ya han movido ficha y han creado canales en los populares espacios Youtube y MySpace. Después de este escándalo, los expertos han comenzado a plantearse si internet, y particularmente YouTube, cambiará para siempre la forma de hacer campañas, ahora también políticas.
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