El debate sobre el acceso a las armas y la cultura de la violencia volverá a sacudir con total seguridad a la sociedad estadounidense después de la matanza perpetrada por un solitario asaltante en la Universidad de Virginia, que se ha convertido en el tiroteo más grave registrado en la historia reciente de Estados Unidos. En Estados Unidos, que ocurra una matanza en un centro educativo desgraciadamente no es un hecho aislado. La matanza de Virginia sí pasará a los anales como la más mortífera hasta la fecha. Le preceden la de Columbine, con 13 muertos; o la última, el año pasado, cuando un enajenado entró en una pequeña escuela de un poblado Amish, en Pennsylvania, y ejecutó a cinco niñas.No es un hecho aislado. En los últimos 20 años se han contabilizado hasta 23 tragedias similares en centros de secundaria o universidades con un triste balance de casi 60 muertos. Tanto las victimas como los autores la mayoría adolescentes. Una de las últimas tragedias. Ocurrió en la comunidad amish de Pensilvania el pasado octubre. Un hombre armado irrumpe en una escuela rural de esta secta y tras varias horas de secuestro asesinó a cinco niñas de corta edad.
En Columbine, quizás la masacre escolar más publicitada hasta ahora, dos estudiantes de esa escuela identificados como Eric Klebod y Dylan Harris, armados con un impresionante arsenal, asesinaron a 10 estudiantes y un maestro el 20 de abril de 1999. En aquella localidad en Colorado dos chicos fueron capaces de armarse hasta los dientes y programas toda una masacre y grabar los videos de su preparación. Fuera y dentro del instituto. Tenían 17 y 18 años. Eric y Dylan asesinaron a 13 personas e hirieron a otras 23 antes de suicidarse.
Tras el ataque, que quedó registrado parcialmente en el circuito cerrado de televisión de la escuela, Harris, de 18 años y Klebod de 17, se quitaron la vida llevándose a la tumba las razones que tuvieron para cometer el ataque.
Aunque la mayor parte de los registros sobre violencia fatal en las escuelas dan cuenta de hechos ocurridos en los últimos 100 años, el fenómeno parece ser tan viejo como la historia misma de esta nación.
El primer reporte de una masacre escolar se remonta a 1764, cuando cuatro miembros de la tribu de los indios Lenape ingresaron al único salón de una escuela rural en el Condado de Franklin, Pennsylvania, asesinando al maestro y a 10 estudiantes de educación elemental, a todos los cuales descabellaron.
Otro hecho de violencia estudiantil se registró el 1 de agosto de 1966 en la Universidad de Texas, en el campus de Austin, cuando Charles Whitman ingresó el observatorio donde se ubica el reloj principal, armado con tres pistolas y dos rifles, uno con mira telescópica, e inició violento asalto que se prolongó 96 minutos. La masacre, que dejó 14 personas muertas, incluyendo la madre y la esposa de Whitman, concluyó hasta que el oficial Ramiro Martínez, del Departamento de Seguridad Pública de Texas, lo remató de un tiro en la cabeza, después que junto con Houston McCoy, un policía municipal de Austin logró escalar la torre de 93 metros de altura.
Si bien la mayoría de estas masacres han ocurrido a manos de hombres adultos, al menos uno involucró una mujer y en años recientes se ha producido una ola de ataques a manos de adolescentes y aun niños.
El 29 de enero de 1979 Brenda Ann Spencer, de apenas 16 años, asesinó a la directora de la Escuela Primaria Cleveland y una empleada administrativa, en San Diego California, utilizando un rifle que le había sido entregado por su padre como regalo de navidad. Tras su detención y al ser interrogada por la policía sobre las causas del ataque, que dejó además ocho niños heridos, Spencer se limitó a responder que lo había hecho "porque no me gustan los lunes".
Hasta ahora el autor más joven de un ataque fatal en una escuela es Dedrick Owens, de apenas seis años, cuando en 1999, armado con una pistola propiedad de su tío, asesinó a una compañera de clase en la escuela primaria Theo J. Blue, en Mount Morris, Michigan.
La masacre de este día también abrió las heridas que dejó el ataque contra una escuela primaria en la comunidad Amish de Nickel Mines, en el Condado de Lancaster Pennsylvania, en Octubre del 2006. En esa ocasión, un hombre identificado como Charles Carl Roberts IV ingresó armado al único salón de la escuela, donde después de obligar la salida de los adultos, procedió a ejecutar a cinco niñas disparándoles en la cabeza, antes de suicidarse.
Otras notorias masacres en escuela estadounidenses incluyen la de la Biblioteca Fullerton de la Universidad de California, el 12 de julio de 1976 que dejó siete muertos.
Figuran también la masacre de la Escuela Secundaria Health en Kentucky en 1997 que dejó 3 muertos, y el ataque en la Escuela Secundaria Red Lake en Red Lake Minnesota en el 2005, que dejó un saldo de 10 muertos y 15 heridos.
En Marzo de 2005, un estudiante de Minesota asalta dos escuelas asesinando a 15 personas incluyendo un profesor y un guardia de seguridad. El autor con tan sólo 17 años previamente había asesinado a sus abuelos.
MATANZA EN VIRGINIA
Al menos 32 personas murieron el lunes y unas 15 resultaron heridas en la Universidad Virginia Tech, en el peor incidente de ese tipo en un campus estudiantil en la historia de Estados Unidos.
"Todo lo que puedo decirles es que se trata de un hombre," dijo Finchum, sin entregar información sobre la nacionalidad o la edad del sujeto armado.
Algunos estudiantes resultaron heridos cuando saltaron por las ventanas de las salas de clase para escapar del tiroteo, añadió.Estudiantes dijeron a la cadena CNN que la semana pasada hubo múltiples amenazas de bomba al campus.Dos de ellas fueron dirigidas a la escuelas de ciencia e ingeniería.Un portavoz del Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos señaló que no había indicios de un ataque terrorista, pero que se realizaría una investigación.
Las cadenas de televisión estadounidenses repitieron varias veces las imágenes de un video captado por un estudiante que mostraba el caos que se vivió en el campus durante el tiroteo.
Las imágenes mostraban gente corriendo y se oían secuencias de disparos.
La cifra de muertos en la universidad tecnológica fue peor que la masacre perpetrada en por Charles Whitman el 1 de agosto de 1966, cuando abrió fuego desde lo alto de una torre en medio de un campus de la Universidad de Texas, en Austin. En esa ocasión, el agresor causó la muerte de 15 personas e hirió a otras 31.
DOS HORAS ENTRE CADA ATAQUE
El primer tiroteo en la Virginia Tech, una universidad estatal reconocida por su demandante currículo en ciencias e ingeniería, se reportó a la policía del campus cerca de las 7.15 hora local (1115 GMT) en el West Ambler Johnston Hall, una residencia que alberga a unos 900 estudiantes.
El hecho fue seguido por más disparos en otro edificio del campus, el Norris Hall.
Durante las dos horas posteriores al primer tiroteo algunos estudiantes empezaron a transitar por el campus nuevamente. La policía de la universidad estaba investigando el asalto en la residencia cuando fue informada sobre una nueva balacera en un edificio de salas de clases.
Un funcionario afirmó que el hombre armado pareció haber cerrado las puertas de Norris Hall para que los estudiantes no pudieran escapar, reportó MSNBC.
El estudiante Justin Merrifield dijo a Reuters que estaba fuera de la residencia West Ambler a las 9.00 hora local cuando vio a un estudiante llorando y a la policía, pero no se percató de la magnitud del ataque hasta que llegó a su salón de clases a las 10.00. Merrifield señaló que los estudiantes fueron alertados por los altavoces del campus.
"Había una voz que sólo repetía: 'hombre armado en el campus, no salgan, aléjense de las ventanas', una y otra vez," declaró.
[ACTUALIZADO]
Al horror se le puso cara, nombre y edad. Cho Seung-Hui, 23 años. Nacido en Corea del Sur. Era un estudiante de la universidad que ahora llora a sus víctimas. Residía legalmente en Estados Unidos desde 1992 y fue calificado como “un tipo solitario”. En la mañana de ayer, la policía hacía pública la fotografía del hombre que arrancó a balazos la vida de 32 personas en la Universidad Politécnica de Virginia antes de volver el arma contra su cara y volársela de un tiro. “Ustedes provocaron que yo hiciera esto”, escribió Hui en una extensa nota, cargada de resentimiento hacia sus compañeros, que dejó en su habitación, antes de salir para cometer la masacre.El hombre cuya fotografía estaba ayer en la mitad de las páginas web del mundo creyó tener agravios suficientes para sumir en un duelo nacional a Estados Unidos. Si la nota encontrada en su habitación se prueba auténtica, según lo publicado por el diario The Chicago Tribune, Hui consideraba a los estudiantes de la Politécnica unos “niños ricos” y “libertinos”, unos “charlatanes mentirosos”. Y merecían morir. La misiva estaba plagada de quejas.
La policía parecía descartar ayer la hipótesis de dos incidentes separados y el hecho de que una de las dos armas encontradas en la habitación donde se produjo la muerte de las dos primeras personas tuviera las huellas de Cho Seung-Hui la anulaba. Hui portaba en su mochila el recibo reciente de la adquisición de una de las pistolas. Como residente en EE.UU., Hui estaba capacitado para comprar armas sólo si no había sido condenado por algún crimen previamente. Hasta ahora, el único delito conocido de Hui es haber circulado a más velocidad de la permitida el pasado 7 de abril. Tenía una citación para juicio para el próximo día 23 de mayo.
Nadie es capaz de explicar qué fue lo que no pasó en ese espacio de tiempo, que no pasó y que habría evitado la carnicería. ¿Por qué no se cerró la universidad? ¿Por qué no se impidió que los alumnos acudieran a clase? El jefe de la policía, Wende ll Flinchum, fue bombardeado a preguntas sobre la seguridad en el campus y sobre lo que parece ser una inadecuada respuesta a la crisis. Las respuestas fueron mínimas y de cortesía.
Hui había iniciado su recorrido homicida a las 7.15. En uno de los dormitorios del West Ambler Johnston disparó a una chica –que podría ser su ex novia– y a otro chico y abandonó el edificio. Dos horas después reapareció a 750 metros, en la Escuela de Ingeniería, para culminar a tiros la mayor matanza de la historia de un centro educativo de Estados Unidos. Una de las grandes cuestiones del caso por resolver era ayer qué hizo Cho en esas dos horas entre tiroteos. Y, sobre todo, ¿por qué nadie lo detuvo?
Los agentes barajaron la hipótesis de un “crimen aislado”, pero jamás llegaron a sospechar lo que se avecinaba. Creyeron que el sospechoso era uno de los muertos o había huido. En un primer momento contemplaron la idea de un crimen pasional.
Algunos compañeros de literatura de Hui recordaban ayer que sus escritos eran “bastante inquietantes”. Tomaba medicación para la depresión y se estaba convirtiendo en una persona “violenta y errática”, según un estudiante de primer año que prefirió no identificarse. Sus problemas psicológicos le llevaron hasta el departamento de asesoría psicológica que dirige Lucinda Roy, que lo califica como “problemático”.
La conmoción en la que se hallaba el recinto el lunes por la noche, cuando los estudiantes organizaban vigilias y rezaban por sus compañeros abatidos, dejó paso ayer a una incipiente indignación. Indignación que crecía a medida que pasaban las horas, a medida que se desgranaban los detalles de la sangría. Derek O’Dell, 20 años, sólo lleva el brazo enyesado. Pero podía haber perdido la vida. Se encontraba en su clase de alemán cuando el hombre vestido como si fuera un boy scout irrumpió en el aula. “No dijo nada, eso fue lo más extraño. No gritó, nada. Sólo disparaba contra la gente.” La policía asegura que ningún cadáver tenía en el cuerpo menos de tres balas.
Ayer, en el campo deportivo de la universidad, donde se homenajeó a las víctimas, el común denominador eran las lágrimas, la rabia y el estupor. Hasta allí llegó el presidente George W. Bush, acompañado por su esposa. Rodeado por unas diez mil personas, en su mayoría estudiantes, dijo: “En este momento de angustia, sepan que gente de todo el país está pensando en ustedes”.
FUENTE: PAGINA12






























6 comentarios:
"Junior sabía lo que hacía"
Orieta Sferco, psicóloga y perito en casos extremos, presentó un informe sobre la masacre de Patagones donde confirma la acción premeditada del adolescente y alerta sobre posibles secuelas de los sobrevivientes.
A un año de la masacre de Carmen de Patagones, a manos de Junior en el colegio Islas Malvinas, una evaluación psiconeurológica advierte que “es altísimo el riesgo de suicidio entre las víctimas” y que “no fue un brote psicótico sino un ataque planificado”.
El informe técnico que presentarán los padres de las víctimas en una demanda civil, es de Orieta Sferco, psicóloga de la Universidad Nacional de Córdoba, experta en neuropsicología cognitiva, tarea que realizó durante 10 años en el Hospital de Córdoba y responsable de esa labor con los afectados por las explosiones de Río Tercero.
MAÑANA MORTAL. Aquel 28 de septiembre de 2004, Junior se paró frente a sus compañeros del primer año del polimodal, y de izquierda a derecha, comenzó a disparar con el arma que había llevado en la mochila y que pertenecía a su padre, personal de Prefectura Naval Argentina. Murieron tres y cuatro resultaron heridos. La matanza no fue mayor porque se trabó el arma y los mismos chicos lo detuvieron.
En marzo, la licenciada Sferco fue convocada como perito por los abogados de las familias. En base a los testimonios ya registrados en la causa judicial penal (que se cerró con el adolescente culpable pero inimputabe por la edad) y a las entrevistas personales con chicos y padres, elaboró un informe contundente: “No puede hablarse de un brote psicótico sino de un ataque premeditado. Junior eligió a sus víctimas, disparó empuñando el arma como quien sabe lo que hace, es decir horizontal y no vertical”(hace el ademán con el índice y pulgar para graficarlo).
A días de viajar a Carmen de Patagones para entrevistar a dos de las chicas heridas que recién están empezando a hablar del episodio, Sferco continúa: “Al primero que mata, es el más carismático, el más querido. A la última, Sandra, la ejecuta a dos metros. Era la chica con quien tenía la única relación normal que se le conocía, vivía enfrente de su casa, caminaban juntos. Según los compañeros, a Junior le gustaba pero ella tenía ‘onda’ con el otro chico al que señalan como ideólogo”.
-¿Entonces Junior no actuó solo?
-Los chicos están convencidos de que fue el ejecutor pero influenciado otro al que podemos llamar X para no revelar su identidad.
-¿En qué se basan?
-Estaban siempre juntos, se hablaban en inglés, se vestían según la moda dark, traducían canciones que hablaban de muerte, no tenían otros amigos. La última semana tuvieron comportamientos raros, no salían a los recreos, un día escribieron en el pizarrón “los voy a matar a todos” y el día de la masacre llegaron más temprano, se ubicaron en sus bancos y se quedaron con la luz apagada hablando. En la mochila Junior llevaba una pistola Browning HP 35, dos cargadores y un cuchillo.
La pregunta obvia es, si se dieron cuenta los chicos, qué pasó con los docentes. Para la perito psicóloga en este punto se cometió el primer error:los profesores no tienen porqué detectar el peligro, pero si los hubieran derivado a profesionales “Seguro se hubiera hecho un diagnóstico a tiempo”. “El otro gran error -agrega- es haber victimizado al chico que todos señalaban como cómplice y reintegrarlo al grupo tras la tragedia. Justo unos días después de ese regreso, X amenzó en inglés a una compañera y como ella entendió lo contó en su casa. El padre presentó una denuncia e inmediatamente X y su familia desaparecieron del pueblo. Estará en algún sitio de la provincia con identidad cambiada”.
-¿Qué pasará con los chicos?
- Ninguna familia de las involucradas está en condiciones de pagar los 300 pesos mensuales de un tratamiento psicológico. Todos los que entrevisté presentan los síntomas contemplados en los manuales internacionales de diagnóstico de los trastornos mentales: no pueden dormir, tienen pesadillas recurrentes, cefaleas, no salen ni se quedan solos, sensación de estar reviviendo la experiencia. Caminando por la calle, un chico se cruzó con alguien que llevaba una botella de cerveza. Creyó ver un arma y que lo iba a matar.
Alteraciones orgánicas como gastrointestinales, dermatológicas y en el ciclo menstrual, son otros síntomas.
Sferco hace otra advertencia: “Estos síntomas los encontré seis meses después del hecho, es decir que son crónicos, están instalados y no se sale solo”. También se suma la probabilidad de suicidios porque son adolescentes (etapa en que se actúa por imitación), “porque es muy alto el índice en el lugar donde viven y porque hay situaciones con antecedentes genéticos y familiares”.
Mientras tanto, X asiste a otra escuela sin recibir tratamiento, Junior cumplirá 17 años, tres grupos de padres llorarán a sus hijos y los 17 que salvaron sus vidas revivirán la pesadilla.
Cierran la causa sobre la masacre en Patagones por inimputabilidad del autor
Fue sobreseído el adolescente que mató a tres compañeros e hirió a otros cinco en septiembre de 2004
La jueza de menores de Bahía Blanca Alicia Ramallo anunció ayer que "está cerrada" con un "sobreseimiento" del imputado la causa penal que se inició luego que un alumno mató a tiros a tres compañeros e hirió a otros cinco en septiembre de 2004, en la escuela Islas Malvinas, de Carmen de Patagones. La magistrada dijo que el atacante (Juniors) "es inimputable" porque tenía 15 años cuando cometió el hecho y hay una norma legal que así lo establece".
"Sería interesante saber qué es lo que quieren de la Justicia y si se está hablando de la Justicia de menores", dijo Ramallo al aludir a quienes reclaman castigo para el adolescente agresor.
Además, señaló que si lo que se quiere es un resarcimiento por daños y perjuicios será el fuero civil el que lo determine pero "en lo que hace a este joven la causa penal está cerrada".
La magistrada formuló estos conceptos a FM Patagonia de Carmen de Patagones, único medio con el que accedió a hablar. "Doy una nota a una radio de Patagones porque el hecho sucedió allí y siempre trato de llevar tranquilidad a los papás de los chicos involucrados en este hecho", aclaró Ramallo.
También confirmó que se abrió un expediente asistencial por las características psicológicas y psiquiátricas del adolescente. "Esta causa es privada, ninguna causa asistencial de ningún chico tutelado por los tribunales de la provincia de Buenos Aires se pueden dar a conocer", indicó. Advirtió que "atento a lo que establece el artículo 18 del decreto ley 10.067, todo lo que se resuelva con respecto a este joven no puede darse a publicidad".
En otro orden, y al ser consultada sobre un supuesto incidente que protagonizó Junior en un instituto de Menores de La Plata, Ramallo señaló que no ratifica ni rectifica las informaciones periodísticas. "En definitiva, este hecho, si hubiera sucedido ¿qué tiene que ver con los papás de las víctimas?. No agrega, no quita nada, el chico está en una institución cerrada como siempre", enfatizó la magistrada.
Ramallo se refirió a las versiones que indicaban que Junior intentó quitarse la vida el último viernes en el establecimiento donde esta detenido.
"El chico fue transferido y no lo dije yo; la gente misma de El Dique se encargó de publicitarlo y difundirlo, estaba en un instituto de máxima seguridad para chicos con causa penales", explicó.
"Este joven no debió estar ahí, me enteré extraoficialmente a través de la prensa porque no me había llegado un oficio de traslado", aclaró. El joven fue trasladado este fin de semana a un neuropsiquiátrico de la ciudad de La Plata.
El 28 de este mes se cumplirán nueve meses de la tragedia en la que murieron las jóvenes Federico Ponce, Evangelina Miranda y Sandra Núñez y fueron heridos de bala otros cinco.
Ese día, el joven apodado Junior extrajo en plena aula un arma que le había quitado a su padre, miembro de la Prefectura Naval, y comenzó a disparar contra los estudiantes de su clase.
Todos intentaron arrojarse debajo de los bancos para resguardarse del ataque hasta que otro de los alumnos tomó por la fuerza a Junior y lo despojó del arma, aunque no se pudo evitar la muerte de los tres menores y las heridas en otros cinco. Desde entonces, ese día de cada mes, familiares y amigos de las víctimas organizan una marcha por calles de Patagones.
Como consecuencia de la masacre, los compañeros de "Junior" no asistieron a clases hasta el 22 de marzo de este año, para evitar la exposición ante los medios de prensa.
Asimismo, los padres reclamaron a las autoridades de la provincia de Buenos Aires y del establecimiento educativo que Dante, amigo cercano del joven que desató la tragedia, "no pueda volver nunca más a Carmen de Patagones".
En la ciudad, muchos responsabilizan a Dante por el cambio de costumbres de Juniors: "Dejó de escuchar cumbias y empezó a hacerse fanático de Marilyn Manson. Era el único alumno del 1º B con el que hablaba. Y lo hacían en inglés, para evitar que el resto de los estudiantes se enterara del contenido de esas conversaciones.
La masacre de Patagones: Heridas abiertas, un año después
El martes se cumplen 12 meses del caso que conmocionó al país. La vida después del horror
En estos días, Patagones se vuelve a movilizar por el recuerdo y el dolor de la peor masacre escolar en la historia del país.
A un año de la "masacre de Patagones", el adolescente que mató a tres de sus compañeros de curso e hirió a otros cinco permanece alojado en una habitación de una clínica neuropsiaquiátrica sin posibilidades de volver a la calle, a pesar de que la jueza que investigó el caso lo declaró, por su edad, "inimputable". La tragedia es, penalmente, un "caso cerrado", pero las heridas que abrió en la ciudad más austral de la provincia de Buenos Aires aún no cicatrizaron aunque muchos, como señalan familiares de algunas de las víctimas, intenten "esconder la basura bajo la alfombra".
Cuando protagonizó la masacre en la escuela Islas Malvinas de Carmen de Patagones el chico tenía 15 años, es decir, un escalón abajo del piso de 16 que exige la ley de nuestro país para penar a los menores autores de delitos graves. Apenas le faltaban unas semanas para llegar a esa edad cuando en la mañana del martes 28 de setiembre del año pasado ingresó armado al aula en la que cursaba el 1º "B" y efectuó más de una docena de disparos con una pistola Browning 9 milímetros que le había sacado a su padre, que provocaron la muerte de instantánea de Sandra Núñez (16), Evangelina Miranda (16) y Federico Ponce (15).
Pero la inimputabilidad que le otorga la legislación no implica, sin embargo, que pueda dejar en el corto plazo la clínica a la que fue derivado tras permanecer en el instituto de Menores de El Dique, en Ensenada. Por el contrario, la jueza de Bahía Blanca Alicia Ramallo -a cargo de la causa- consideró que los resultados de las pericias psiquiátricas que le entregaron los especialistas que analizaron la conducta del adolescente en los últimos tres meses son lo suficientemente contundentes como para mantenerlo bajo custodia.
Será en ese neuropsiquiátrico -que todos mantienen en secreto sobre su ubicación y al que sólo acceden sus padres y su hermano de 12 años- donde el chico revivirá el próximo miércoles el primer aniversario de la tragedia que no sólo le costó la vida a tres de sus compañeros sino que también dejó con heridas -en algunos casos graves- a otros cinco chicos: Rodrigo Torres, Pablo Saldías (que este año se cambiaron de escuela al inicio del ciclo lectivo), Natalia Salomón, Cintia Casasola y Nicolás Leonardi.
En Patagones, en tanto, una amplia pared exterior del edificio de la escuela empezó a cubrirse ayer con un mural de homenaje a las víctimas de la masacre, cuya finalización está prevista para el mismo miércoles. Se trata de un trabajo dirigido por docente de la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, Cristina Terzaghi, con participación de alumnos del establecimiento, quienes además fueron los encargados de realizar el boceto.
Ese mural, y la inscripción que permanece en la cornisa del frente del edificio, con la leyenda "Cada adolescente brilla con su propia luz, Evangelina, Federico y Sandra juntos son, fueron y serán la luz del universo", son los únicos rastros externos de la tragedia. El resto de los grafitis que los estudiantes habían escrito en las paredes fueron tapados el mes pasado por decisión de la dirección general de Cultura y Educación bonaerense.
El aula en la que ocurrió la masacre permanece inalterable. El lugar fue convertido en una especie de santuario, con fotos de los chicos muertos, pancartas, grafitis y otros homenajes, y sólo tienen acceso a él los alumnos que cursaban el 1º "B". De hecho, son los únicos que tienen la llave.
Al inicio del ciclo lectivo de este año se había pensado en reacondicionar ese espacio y, si bien la idea no era que volviera a funcionar como aula, las autoridades de Educación pretendían que se le diera algún uso. Pero por ahora esa movida no prosperó.
El miércoles, como parte de los homenajes a las víctimas, además de inaugurar el mural se realizará una misa en la escuela con la presencia del obispo de Viedma, Esteban Laxague. Luego, se iniciará desde ese lugar la tradicional "marcha de las velas" que, como ocurre cada día 28 desde aquél trágico setiembre, organiza Marisa, la mamá de Federico Ponce.
Ella y su marido Tomás son los más críticos con las decisiones que se han adoptado desde que se produjo la masacre que le costó la vida a su hijo. Y los cuestionamientos no sólo son para las autoridades educativas de la Provincia, sino también para la gran mayoría de los habitantes de Patagones que, como definió el papá de Federico, "quieren esconder la basura bajo la alfombra y hacer de cuenta que acá no pasó nada".
Esa actitud queda reflejada cada 28 de mes, cuando "la marcha de las velas" congrega cada vez menos gente. Patagones es hoy una ciudad dividida entre el dolor y la impotencia de los familiares de las víctimas que reclaman una justicia que ya saben que no llegará, y la indiferencia del resto de los pobladores que quieren cerrar cuanto antes ese capítulo.
La mamá de Federico Ponce se lamenta de que "algunos" digan que "no tiene sentido seguir con las marchas, porque esto ya pasó" y su esposo agrega, con profundo dolor: "Es que a ellos no les mataron un hijo en la escuela. Nosotros mandamos a un chico para que lo educaran y nos lo devolvieron en una bolsa de plástico, lleno de agujeros".
CRITICAS A EDUCACION
Uno de los grafitis que estaba en una de las paredes de la escuela y fue tapado el mes pasado con pintura reflejaba, como ningún otro, el malestar de los estudiantes con el plantel de profesores: "Cuerpo docente, es hora de ponerse las pilas, atiendan y comprendan a los alumnos", rezaba.
Tomás Ponce es uno de los más críticos con el papel que desempeñaron los docentes y, sobre todo, el plantel de psicopedagogos antes de la masacre. El papá de Federico asegura que "hay una fuerte puja por el silencio desde el ámbito educativo, porque no quieren revisar sus conductas y explicar lo que pasó en la escuela, cómo fue que se llegó a esta tragedia".
La directora Adriana Goicochea y el secretario de la escuela son los únicos que fueron separados de sus cargos preventivamente mientras se instruye el sumario administrativo desde la dirección general de Educación bonaerense. En cambio, el profesor de Derechos Humanos que debía dar clases en la primera hora del martes 28 de setiembre al 1º "B" pidió su traslado a Morón; al igual que los integrantes del gabinete psicopedagógico, quienes también solicitaron el pase a otro establecimiento.
Ellos no estarán el próximo miércoles en la escuela, cuando los estudiantes se reúnan desde las seis de la tarde en el amplio salón del establecimiento para participar de la misa en memoria de sus compañeros. Los familiares de las víctimas esperan, en cambio, que los habitantes de Patagones digan presente en forma masiva para rendir un merecido homenaje a Sandra, Evangelina y Federico.
Junior es inimputable
Cerraron la causa por la masacre de Patagones
La jueza de menores de Bahía Blanca anunció que "la causa penal está archivada con un sobreseimiento porque este joven tenía 15 años cuando cometió el hecho". EL menor disparó contra sus compañeros de escuela. Así mató a tres chicos e hirió a otros cinco.
+ ampliar imagen
Pintadas que recuerdan a los chicos asesinados.
La causa penal por la masacre en la escuela de Carmen de Patagones quedó cerrada debido a que, por ser menor, Junior fue considerado inimputable por la jueza Alicia Ramallo. El menor conocido como Junior mató a tiros a tres compañeros de escuela e hirió a otros cinco en septiembre de 2004.
La jueza de menores de Bahía Blanca anunció que "la causa penal está archivada con un sobreseimiento porque este joven tenía 15 años cuando cometió este hecho y hay una norma legal que así lo establece".
Durante la entrevista con una radio de la provincia, la jueza confirmó que se abrió un expediente asistencial por las características psicológicas y psiquiátricas del adolescente.
El adolescente fue internado en una clínica neuropsiquiátrica, donde se evaluará durante tres meses su peligrosidad. Fuentes judiciales y de la Subsecretaría de Minoridad bonaerense, que también dieron cuenta de por lo menos un episodio que se habría registrado en los últimos 25 días, en que el chico se habría agredido clavándose una madera en una mano.
Masacre de Patagones: evitar las generalizaciones
--------------------------------------------------------------------------------
Entender la masacre ocurrida esta semana en Carmen de Patagones es un ejercicio complejo, que no debe tomarse con liviandad ni con la obsesiva necesidad de buscar responsables.
Parece que el discurso instalado en los medios de comunicación se centra en averiguar quiénes o qué influyeron en la mente del ya famoso Junior, para poder entender lo ocurrido.
Hay quienes hablan de la influencia del rock, del ícono maldecido Marylin Manson, como si estuviéramos en la edad Media y hubiese que empezar a quemar los discos; hay quienes hablan de la escuela, de los docentes que "no contienen", como si su deber y su función fueran ser diques de contención de la tremenda crisis social que vive la Argentina.
Pocos hablan de la facilidad con que Junior accedió a un arma, cargada y lista para matar; pocos hablan de la cultura del éxito, de la figuración en los medios aún cometiendo crímenes; nadie habla del entorno social de Junior, que define y condiciona su conducta, fácilmente configurable como de una alarmante gravedad psicológica.
El análisis simplista no sirve. Culpar a un docente o a un cantante de rock es algo más que idiota. Es seguir el razonamiento de la sociedad norteamericana en el episodio del Colegio Columbine, analizado en la película de Michal Moore.
En Bowling for Columbine, el cineasta recordaba que los autores de esa masacre habían jugado al bowling esa mañana y se preguntaba por qué a nadie se le había ocurrido culpar a ese juego por el accionar de los chicos.
Tampoco se puede hacer de este caso una generalización que se enmarque o que explique la consabida "violencia escolar". Cada caso en particular debe ser analizado en su contexto; cada problema de violencia debe ser entendido según el medio en el que vive y se relaciona el autor.
Caer en una peligrosa generalización puede brindar argumentos a los que proponen hace un buen tiempo la baja en la edad de imputabilidad de los menores. Sería importante estar atentos a que la masacre de Carmen de Patagones no sea utilizada por los pregoneros de la "mano dura" para criminalizar a los jóvenes que son, antes que victimarios, víctimas de un sistema social injusto, violento y carente de valores como son la Justicia y la Igualdad.
Gracias por tu comentario , aporta mas pruebas de la violencia que genera el sistema.
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada