Las paredes de la ciudad hablan por si solas, las paredes de las instituciones como la Universidad de Buenos Aires tambien.Aqui en el baño de la planta baja de la facultad de ciencias sociales de la UBA, se puede apreciar una leyenda que dice: "Intelectuales caretas piensen una vez en el pueblo"
A simple vista se puede apreciar la mirada que tienen las clases sociales menos favorecidad con respecto a la "clase intelectual". Pero al mismo tiempo es posible ver el reclamo de aquellos que de una u otra forman ven en los intelectuales y en su pensamiento que algun dia se reinvidique la lucha por menos desigualdad social.
A lo largo de toda la historia del mundo occidental, se ha difundido el mito del intelectual como un ser muy especial. En la antigua Grecia, eran los filósofos quienes cumplían este rol, en el marco de lo que se denominó la Paideia – término intraducible al español – como un ideal de culturas universal. En la Edad Media fueron los monjes y sacerdotes quienes cumplieron el rol de celosos guardianes de la sabiduría y la verdad.
Un intelectual es aquella persona que dedica una parte importante de su actividad vital al estudio y a la reflexión crítica sobre la realidad.
Este artículo trata sobre el intelectual público, esto es, aquel que se expresa de manera accesible al público sobre asuntos de interés general, político o ideológico.
El término intelectual está dotado socialmente de un valor de prestigio. Se entiende que esa actividad dedicada al pensamiento tiene una dimensión y una repercusión públicas que se consideran muy valiosas. El problema que se deriva de ello es que, en muchas ocasiones, la aplicación del término depende del grado de afinidad ideológica, política, etc. que tenga quien lo aplica con respecto de la persona que se esté considerando.
El intelectual tiene como deber moral educar a todo aquel que se encuentre en contacto con él, sin herirlo. De esta manera lograría de manera efectiva el objetivo de enseñar al ignorante. Hacen falta más intelectuales que analicen de forma critica y objetiva las realidades de los paises y del hombre. Por la tanto el intelectual desarrolla su intelecto no como vana vanagloria sino como una minúscula contribución al progreso del mundo. Cabe mencionar que muchas palabras, dichos y frases celebres de intelectuales de todos los tiempos han inspirado y seguirán inspirando a personas de una gran diversidad.
El intelectual medita, reflexiona, discurre, se inspira, goza, busca, investiga, analiza, discierne, demenuza, razona, contrapone conceptos, filosofa, organiza las ideas, proyecta, imagina, especula, atribuye causas a los efectos y efectos a las causas, interconecta fenómenos, en fin hace uso de las limitadas pero a su vez vastas capacidades de la mente humana.
En las modernas sociedades capitalistas, tanto el rol como del mito de los intelectuales sed ha difuminado debido a la organización social del capitalismo. En estas sociedades, el intelectual deja de ser una élite y se convierte en una categoría que caracteriza al intelectual por su función en la sociedad más que por su papel en la estructura productiva, tal como señalan teóricos de la calidad de Gramsci y Lukács. La relación de los intelectuales con las estructuras partidarias de izquierda ha sido conflictiva y tensa y casi siempre sed ha resuelto con la expulsión de aquellos.
Sin embargo, hoy más que nunca su función debe rescatarse, en la medida en que la construcción del nuevo proyecto histórico de las clases dominadas y subalternas exige la confluencia de intelectuales – como sector autónomo – militancias partidarias y movimientos sociales, para elaborar las teorías alternativas al capitalismo neoliberal.
Michael Foucault escribió:
Ahora bien, lo que los intelectuales han descubierto después de la avalancha reciente, es que las masas no tienen necesidad de ellos para saber; saben claramente, perfectamente, mucho mejor que ellos; y lo afirman extremadamente bien. Pero existe un sistema de poder que obstaculiza, que prohíbe, que invalida ese discurso y ese saber. Poder que no está solamente en las instancias superiores de la censura, sino que se hunde más profundamente, más sutilmente en toda la malla de la sociedad. Ellos mismos, intelectuales, forman parte de ese sistema de poder, la idea de que son los agentes de la ‘conciencia’ y del discurso pertenece a este sistema. El papel del intelectual no es el de situarse ‘un poco en avance o un poco al margen’ para decir la muda verdad de todos; es ante todo luchar contra las formas de poder allí donde éste es a la vez el objeto y el instrumento: en el orden del ‘saber’, de la ‘verdad’, de la ‘conciencia’, del ‘discurso’. ... Me parece que es preciso tener en cuenta, ahora, que el intelectual no es en consecuencia el ‘portador de valores universales’; es más bien alguien que ocupa una posición específica –pero de una especificidad que está ligada a las funciones generales del dispositivo de verdad en una sociedad como la nuestra–. Dicho de otro modo, el intelectual evidencia una triple especificidad: la especificidad de su posición de clase (pequeño burgués al servicio del capitalismo, intelectual ‘orgánico’ del proletariado); la especificidad de sus condiciones de vida y de trabajo, ligadas a su condición intelectual (su campo de investigación, su puesto en un laboratorio, las exigencias económicas o políticas a las que se somete o contra las que se rebela en la universidad, en el hospital, etc.). En fin, la especificidad de la política de verdad en nuestras sociedades. Y es aquí donde su posición puede tener una significación general, donde el combate local o específico que desarrolla produce efectos, implicaciones que no son simplemente profesionales o sectoriales. Funciona o lucha a nivel general de este régimen de verdad tan esencial a las estructuras y al funcionamiento de nuestra sociedad. Existe un combate ‘por la verdad’, o al menos ‘alrededor de la verdad’ –una vez más entiéndase bien que por verdad no quiero decir ‘el conjunto de cosas verdaderas que hay que descubrir o hacer aceptar’, sino ‘el conjunto de reglas según las cuales se discrimina lo verdadero de lo falso y se ligan a lo verdadero efectos políticos de poder’; se entiende asimismo que no se trata de un combate ‘en favor’ de la verdad sino en torno al estatuto de verdad y al papel económico-político que juega–. Hay que pensar los problemas políticos de los intelectuales no en términos de ‘ciencia/ideología’ sino en términos de ‘verdad/poder’. Y es a partir de aquí que la cuestión de la profesionalización del intelectual, de la división entre trabajo manual/intelectual puede ser contemplada de nuevo. 1979
En la actual sociedad el rol de los intelectuales es todo una problemática, más aún dentro del movimiento obrero y los partidos que surgen en representación suya. ¿Cuál era y es su rol? ¿Dirigir, orientar, impulsar los procesos revolucionarios? ¿Formular teorías? ¿Criticar a las dirigencias siendo el ojo avizor de los dirigidos? Las luchas internas dentro de la Revolución Rusa de 1917, y la postura del estado soviético frente a los intelectuales – una postura que solo reconoció la legitimidad de aquellos que de manera incondicional habían adherido a las "teorías" oficiales del Partido y del Estado – son ejemplos de esta problematica.
En este sentido no cabe duda que el sistema capitalista ha sido mas exitoso para captar intelectuales, debido a su caracter adaptable y su relativa tolerancia en comparación con el sistema socialista, sin embargo cabe aclarar que se le atribuye equivocadamente este exito a la bandera del capitalismo en adherir al principio de la libertad, ya que en uno u otro momentos en ambos regimenes en momentos en que se pone en juego la estabilidad y permanencia del Estado, son implacables con los intelectuales.

Tipos de intelectuales:
- 1) El intelectual tradicional es el legitimador de una continuidad histórica, de una clase hegemónica, muchas veces en declive.El intelectual tradicional se puede dividir en:
- a)legitimadores incondicionales: son aquellos intelectuales orgánicamente unidos al poder establecido, que quedan definidos por su aceptación del orden establecido.
- b) Legitimadores conformistas: formulan la necesidad de legitimidad el poder mediante una hegemonía legal. Su ideología esta basada en un modelo dinámico de equilibrio y fusión del proceso histórico.
- 2) El intelectual político, especialista en construcción de aparatos culturales, entendido por tal el conjunto integrado de la racionalización y explicación del orden y los cambio sociales, incluyendo la articulación de los productos ideológicos, y todo ello referido a unas relaciones determinadas y contradictorias con las elites del poder.
- 3) El intelectual hacedor de imagen, es aquel que como formulador de una estructura ideológica trabada y transmisible sobre cualquier plano de la realidad social e histórica que se estructura en forma de una imagen cuando es integrada por grupos e individuos.
- 4)El intelectual orgánico o Gramsciano es el que esta ideológicamente conectados con la clase o fracción en ascenso en el marco de un bloque histórico. La relación entre los intelectuales y el mundo de la producción no es una relación mediata y mecánica, sino articulada y mediatizada por todo el complejo orgánico superestructural que define a los intelectuales como racionalizadores.
- 5)El intelectual es una categoría histórica ligada orgánica y articuladamente a la sociedad civil y la sociedad política, es crecientemente un ser político, ideólogo, y organizador por excelencia, cuya función es la formulación de un producto histórico complejo integrado por ideologías, formas de acción, legitimidad, racionalidad, y avance en el tiempo. Este producto para Gramsci es la ideología orgánica que anticipa y hace posible el cambio histórico.
- 6) Ralf Dahrendorf rechaza la conceptualización del intelectual como profesión o status, le atribuye el papel del intelectual a las estructuras políticas y de poder existente, dando sobre todo importancia a su libertad. Explica la posición y el papel del intelectual utilizando la metáfora sociológica del “tonto” o el “bufón de la corte” .“Su papel es no interpretar papel alguno. El bufón no esta arriba, pues no puede dictar a los demás las leyes de sus acciones. Tampoco esta debajo, porque actúa como conciencia crítica de los poderosos, y se toma libertades que si fueran tomadas por “los que están abajos” serían castigadas. El poder del bufón está en su libertad en relación con la jerarquía del orden social, es decir, que habla tanto desde fuera como dentro de ese orden…Pero los bufones de las sociedades modernas son los intelectuales…tienen la tarea de dudar de todo lo que es evidente, de hacer relativa toda autoridad, de preguntar aquellas preguntas que nadie se atreve a plantear”.
- 7) El intelectual ejecutivo, surge en los años noventa. Su característica principal es que trabaja para organismos llamados de la sociedad civil y se dedica a realizar informes y a reciclar teorías dictadas del exterior.
Desde un punto de vista historico podemos hacer una tipologia de los intelectuales
- a) El intelectual como pouvoir spirituel( Alfred Weber, Manheim)
- b) El intelectual subversivo (pensamiento conservador europeo Burke, Maurras)
- c) El intelectual como factor del cambio social revolucionario (Marx, Lenin, Marcuse)
- d) El intelectual como un papel o serie de papeles diversos, cambio social, en favor del orden ( Weber, Gramsci)
- e)Intelectual como critico y rebelde permanente ( concretamente Bertrand Russel, Noam Chomsky)
- f) El intelectual ejecutivo.
La tesis más importante de Löwy es que los intelectuales no son una clase y, por lo tanto, su posición no se define en relación con los medios de producción y la estructura económico-social, sino una "categoría social". Esto significa lo siguiente:
1. Los intelectuales, en cuanto tales, no son productores de bienes y servicios, sino creadores de productos ideológico-culturales. Independientemente del lugar que ocupen en la estructura económico social, todos los seres humanos, por el mero hecho de ser tales, pueden crear productos ideológico-culturales: ser pintores, escultores, poetas o escritores; y quien lo haga cumple una función intelectual.
2. Por fuertes que sean los condicionamientos económico-sociales, como la pertenencia a una clase social determinada o la posición en la estructura productiva, quien se ha definido como intelectual siempre tiene la capacidad de optar por los intereses de los opresores o de los oprimidos; valer decir, puede elegir entre la alternativa de crear productos ideológico-culturales enmarcados en los fines de la explotación o en los ideales de emancipación y liberación del género humano.
3. No existe, por lo tanto, "inteligentzia" neutra, por más que los intelectuales "gocen de una cierta autonomía relativa con respecto a las clases sociales". Como creadores de productos ideológico-culturales expresan las demandas sociales desde la perspectiva del proyecto histórico al cual han adherido.
4. Por lo general, los intelectuales se rigen por valores cualitativos que se desprenden de su sensibilidad estética, de su comportamiento moral o de su comprensión teórica. En la medida en que el capitalismo todo lo convierte en dinero, en mercancía, en valores puramente cuantitativos, los intelectuales sienten una aversión casi natural contra el capitalismo. Incluso quienes no han adherido al proyecto histórico de las clases subalternas, que en términos generales se define como "socialismo", coinciden con los intelectuales revolucionarios en esta aversión, convirtiéndose en críticos del sistema y de sus formas de poder.
Estas precisiones conceptuales nos permiten esclarecer las confusiones anotadas. Gramsci señalaba. "Todos los hombres son intelectuales, pero no todos los hombres cumplen en la sociedad la función de intelectuales".
Con esto quiere decir que todos los hombres, desde la máxima autoridad de una empresa productiva, hasta el más humilde de los trabajadores aportan con su capacidad intelectual, en diferentes niveles y condiciones, en la realización de sus tareas.
Sin etiquetamientos nihilistas ni existencialistas, sin ahondar en contenidos políticos y filosóficos de la antigua Grecia o la Europa de Voltaire, Lamartine, Henry Lévy y Émile Zolá; sin recordar el caso Dreyfus, creo en el concepto de intelectual, creo en los intelectuales. La presencia de un humanismo entre nosotros es real, pero ha sido opacada por la indiferencia y la irresponsabilidad histórica y social de nuestros intelectuales. Tenemos intelectuales como Gerardo Molina, José Martí y Juan Montalvo, entre otros defensores de nuestra identidad. Pero la apatía general es abrumadora, paralizante. Prima el interés particular y no el general. La mirada egoísta sobre la mirada social. Ese silencio cómplice es parte de la colonización que nos aflige. Prometeo sigue encadenado a su propia tragedia. La intelectualidad del continente tiene la obligación de integrarse a la historia, y de asumir su responsabilidad frente al mundo, como lo escribió Jean Paul Sartre: "El intelectual no puede aislarse de la sociedad, ni la sociedad podrá explicarse sin él". Debe ser un testimonio de su tiempo y, más que eso, debe ser una aportación al progreso de la democracia y la libertad. No es desde una posición de empleómano donde se generan los grandes debates sobre el humanismo y el compromiso del intelectual. No es en la postración por décadas esperando una mesada jubilatoria como se les rinde homenaje a los episodios determinantes de la historia. No se puede renunciar al poder contestatario, no se puede claudicar en el ejercicio de las ideas. El intelectual debe ser un productor de sociedad, un ser independiente, un testigo excepcional. Nuestra intelectualidad sufre esclerosis, catalepsia, desmemoria crónica. Basta observar el papel de nuestras universidades. Sus profesores se limitaron, como intelectuales reaccionarios, a dictar clases fementidas, en espera de una jubilación y otros privilegios hijos del sindicalismo educativo. Su contribución social y política se quedó en los pasillos de las rectorías y las elecciones universitarias a cargos directivos. La presencia de "esa intelectualidad", mucha de ella formada en el extranjero, con los recursos sabáticos del Estado, no supera las cafeterías claustrales. Esa actitud mediocre es parte esencial del derrumbe total de América Latina. No hay simposios y congresos que aglutinen pensamiento y generen controversias nacionales y continentales, no hay producción seriada de revistas, libros y periódicos que inciten la reflexión literaria y filosófica; no hay presencia de la inteligencia en los grandes medios de comunicación hablados y escritos, no hay concurrencia de pensadores europeos y norteamericanos en sus aulas. En síntesis, sólo medra la reproducción de un sistema acrítico, como profundización del malestar en la cultura. Nuestras universidades se convirtieron en multiplicadoras de tecnocracia, apuntaladas en lo económico y financiero por diplomados, algunos de los cuales enseñan la importancia del aire en la respiración. Es la indigencia elevada a categoría educativa y cognoscitiva. La garrulería. La conciencia comprada. LINK
Ya en 1948, el propio Albert Einstein, hablaba del rol de los intelectuales;
Como intelectuales e investigadores de distintas nacionalidades, nos hallamos hoy enfrentados ante una profunda e histórica responsabilidad. Existen motivos que nos impulsan a estar agradecidos a nuestros colegas franceses y polacos, cuya iniciativa nos ha reunido aquí con un objetivo esencial: utilizar la influencia de los hombres sensatos para promover la paz y la seguridad en todo el mundo. Este es el antiguo problema mediante el cual Platón -uno de los primeros- luchó empeñosamente: aplicar la razón y la prudencia para lograr la solución de las dificultades del hombre en vez de apelar a los instintos atávicos y a las pasiones. Una penosa experiencia nos enseña que el pensamiento racional no basta para resolver las cuestiones de nuestra vida social. La investigación y el trabajo científico serio han tenido a menudo trágicas proyecciones sobre la humanidad. Han producido, por una parte, los inventos que liberaron al hombre de un trabajo físico agotador y tornaron la vida más rica y fácil, mientras que, por otra parte, introducían una grave inquietud en la existencia, pues el hombre se convertía en esclavo de su ámbito tecnológico -y más catastrófico todavía- creaba los medios para su destrucción masiva.
El deber de un intelectual debe ser el de pensar sin ninguna restricción, incluso a riesgo de cometer errores. ¿Cuál es el papel de los intelectuales en la modernidad y en los paises de América Latina? Derribar estatuas, quitar máscaras, estar al servicio del interés público, decir la verdad, vivir una práxica política de la honestidad con nuestros pueblos. El intelectual debe articularse hoy más que nunca a la actividad política, a los partidos políticos; pero en un acompañamiento altamente crítico y autocrítico. La pasividad ya no es posible. Lo posible es la participación, la construcción social y societal. En una América Latina sin liderazgos, el intelectual tiene que asumirse en una práctica política real. El escritor, el poeta, el filósofo, el sociólogo, el humanista, tienen que afrontar su condición de intelectual a favor de la sociedad. No es ni será jamás una equivocación filosófica ni política asumirse, apropiarse como intelectual en la sociedad. Lo detestable es renunciar a la capacidad contestataria, al ejercicio de las ideas, aceptando la propia indigencia mental y trasvasando la anomia social. La utopía no ha sido posible, sigue siendo el sueño inalcanzable de nuestros precursores..

LINKS RELACIONADOS:
- El rol de los intelectuales en la sociedad moderna (Trabajo realizado con motivo del Encuentro de Intelectuales Populares y de Izquierda, realizado en Quito, del 15 al 17 de noviembre de 2004)
- Los intelectuales y nosotros
- El papel del intelectual en América Latina en la era de la globalización
- Un mensaje a los intelectuales - Albert Einstein
- ¿Por qué se oponen los intelectuales al capitalismo?
- Los intelectuales y el poder
Las imagenes colocadas en este post tiene © Todos los derechos reservados por el autor. Algunas de ellas son exhibidas en Flickr.com




























5 comentarios:
Hay un largo proceso histórico que avala cada una de las diversas actividades humanas. Ese mismo proceso nos trae la reflexión: ¿qué hace cada cual con su propia vida?, ¿está dispuesto a trabajar por una sociedad digna?, ¿quienes son los otros, los demás?, ¿quién soy y hacia dónde voy?... Quizás la respuesta no esté solamente desde el intelecto, sino que vaya acompañada por el sentir profundo, ese olvidado corazón de los pueblos, de lo humano universal. Seguramente la intelectualidad se mueve como una marea de contenidos, que tendrán que ir llegando como propuestas hacia la diversidad de acciones (no conformistas y motivadoras) y en la que la vida de la gente cotidiana sea su fuente. Un fuerte abrazo.
Tu reflexion filosofica absolutamente valida, brinda un mayor aporte a esta nota. Gracias.
Hola. Estoy creando www.disemdi.com , un periódico digital que paga según las visitas que tenga tu artículo y me gustaría que colaboraras conmigo.
Concédeme una entrevista a través de Messenger o gmail, mi correo es lonuestro27@hotmail.com. O bien mándame directamente un autorretrato escrito tuyo para colgarlo en la pagina www.wwwdisemdicom.blogspot.com donde está el mio ; conocer a Guillermo Chacón y el de los otros colaboradores.
Un saludo.Jose Guillermo.
¿Qué o quién define a un intelectual?
¿El tener buena retórica? ¿Leer a Nietzsche o a Artaud? ¿Dar cátedra en una universidad?
El intelectual no es por lo que hace ni por lo que aprendió, el intelectual es aquél que tiene la capacidad de ver lo que otros no ven, es un visionario, es un líder. Intelectualidad no se refiere específicamente a la inteligencia o al conocimiento, tampoco se es mejor que otro por ser intelectual, no define específicamente el camino a la perfección; quizás lo señala y quien sabe tal vez indica el lado equivocado.
En definitiva un intelectual es por que lo es, no porque se lo cree.
Totalmente de acuerdo con vos, Gerardo, un intelectual es mucho mas que meros saberes acumulados, vos lo has dicho un intelectual es un visionario. saludos y gracias por el aporte.
Publicar un comentario en la entrada