“The Eraser” (2006) fue el esperado debut como solista de Thom Yorke, cantante y líder de Radiohead. La voz de Thom suena más triste y afectada que nunca y tiene un protagonismo aún mayor que en los discos de la banda, mientras que la música que la acompaña es netamente electrónica, compuesta y ejecutada por él mismo con una laptop. Las letras hablan de historias tristes y desengaños amorosos. “The Eraser” es, como se esperaba, un disco introspectivo donde la suma de la voz, las letras y los beats electrónicos –con algunos sonidos de guitarra y piano-, generan una interesante combinación que hace pensar en Thom Yorke como la versión más actual de un songwriter. Un cantautor con una fuerte identidad que, más allá de su timbre inconfundible y lejos de recurrir a la guitarra como instrumento dominante, halla justamente esa particularidad en la combinatoria de su voz con esos paisajes sonoros. Para ello deshace el camino que llevara a la banda de Oxford hasta Hail to the Thief para retomar la senda electrónica abierta con Kid A. Aunque en esta ocasión lleva la filia por las programaciones hasta donde Radiohead no se atrevieron a llegar con su disco del año 2000, cuando la sombra de OK Computer era todavía demasiado alargada.
Thom Yorke se ha erigido, por méritos propios, en el abanderado del angst existencial y urbano del nuevo milenio y en The Eraser está más cerca que nunca de plasmar en música esa desazón vital, esa alienación del hombre moderno tan presente en su obra pretérita. No cabe duda entonces de que este trabajo es más un exorcismo personal que una artimaña comercial.

Para montar el armazón musical de The Eraser, Thom Yorke ha vuelto a confiar en las sabias manos de Nigel Godrich, el arquitecto sonoro detrás de OK Computer, que ha sabido dotar al disco de una producción detallista que no sobrecargada.
Mientras suena "Atoms For Peace", moderada revisión del Headphones de Björk y Tricky, The Eraser está apunto de encarar su tercio final. Hace mucho tiempo Thom Yorke cogió una guitarra llena de frustraciones adolescentes y el rock acabó siendo la catarsis ideal. Luego, el destino lo llevó a los terrenos de la electrónica sombría y la progresiva deshumanización de su música fue el nuevo camino hacia el desahogo. Cuando "Cymbal Rush" cierra el disco con sus bases atmosféricas y mecánicas, resulta curioso ver cómo ha cambiado -y madurado- ese joven cabreado que una vez reventó las emisoras de radio con las guitarras de "Creep".
En pleno 2006 esta propuesta en solitario funciona así como una culminación más del excelente giro protagonizado en los estudios de grabación de Kid A. Con el ya habitual Nigel Godrich retoma el estilo descubierto en el 2000 por Radiohead y se atreve a ir un poco más allá. Sin las depuraciones propias de un trabajo de banda, Yorke disecciona de nuevo sus oscuras obsesiones y construye otro viaje frío y seductor a su mundo interior. Evidentemente el disco está lleno de temas que bien podrían haber sido firmados por todo el grupo inglés- "The Eraser", "Analyse", "And It Rained All Night"- pero hay tiempo también para la experimentación. El juego que surge de las variaciones de timbre de voz fundidas con bases arriesgadas- "The Clock", "Skip Divided"- y el intento de mezclar diversos géneros- "Black Swan"- son las propuestas algo más alejadas de lo habitual. Eso sí, sin resultar prepotente y en su justa medida.
El protagonismo en The Eraser se lo lleva la inconfundible voz de Thom Yorke, por lo demás el disco se compone de beats esquivos, sintetizadores, líneas de bajo y algún puntual arreglo de guitarra. Rayan a gran nivel temas como “Analyse”, “Atoms for Peace” o “Black Swan” donde Yorke articula su discurso a partir de utilizar varias pistas de voz (tónica general durante el disco), una programación sobria, un arpegio de guitarra y un bajo hiperkinético. En “Harrowdown Hill” combina un bajo casi funk con beats oblicuos, una gran línea de voz y unas texturas granulosas como las de Boards of Canada pero en versión malrollista. El álbum se cierra con “Cymbal Rush” canción de ritmo sofocante donde, curiosamente, aparece por primera (y última) vez el sonido de una batería acústica y Yorke recupera la melodía vocal del tema “There There” de Hail to the Thief.
En definitiva, quizás The Eraser no sorprende tanto como cabría esperar pero siempre es un placer escuchar nuevo material procedente de las filas de una de las bandas más influyentes y respetadas de los últimos años.

Puede que en paralelo los de Oxford ya estén preparados para protagonizar un cambio de dirección u otra depuración radical de su sonido. De momento, su líder da una vuelta de tuerca más y lleva al extremo los hallazgos de los últimos años. Sí, todavía se siente un extraño en un mundo distorsionado, aún sus composiciones siguen transportando su emotividad original entre tanta capa sintética. Y lo mejor de todo, su imaginación y fuerza están en pleno rendimiento, solo o acompañado, qué más da.
A Thom Yorke le sucede lo que a tantos otros artistas de nuestro tiempo. Piensa que, para ser moderno en esto de la música, la única salida viable es la electrónica. ¿Acaso no se puede ser moderno con una guitarra? En fin, tampoco caigamos en lecturas superficiales ni en juicios peregrinos porque, con The Eraser, a Yorke le ha salido bien la jugada y quizas es de lo mejor del año.
VIDEO: HARROWDOWN HILL - THOM YORKE FROM THE ERASER
PUNTUACION: 9.0 / 10
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