La crítica especializada se ha esmerado en comparar a este joven con Rufus Wainwright. Existen varias similitudes entre uno y otro, en especial por el pop melódico, instrumental y con presencia orquestal que ambos fabrican, pero si buscamos mas profundo nos daremos cuenta que no estan asi. Chris Garneau recuerda más a Damien Rice que a Rufus Wainwright.‘Music for tourists’ es el nombre del primer largo de Garneau, con apocalíptica portada, que nos trae a la memoria algunas desgracias no muy lejanas.
Aceptamos que Garneau comparta con Rufus varias cosas: la primera, el pop melódico, en el que Wainwright es experto. La segunda, la instrumentación orquestal, aunque en el caso de Garneau se centra fundamentalmente en cuerdas (piano, violín y violonchelo). Rufus por su parte ha tirado algo más por el barroquismo (ahí están algunos temas del ‘Want One’ y ‘Want Two’ para demostrarlo) y no por el menos es más, precisamente. En lo que sí se parecen es en la presencia de piano, que es magistral y en las referencias al mundo marica en sus letras, que nos imaginamos que es lo que ha llevado a la mitad de los críticos a olvidarse completamente de que este chico es más parecido a Damien Rice o a Elvis Perkins que a Rufus Wainwright.
El resultado es este 'Music for Tourists' que, sin duda, se convertirá en una referencia inevitable para los amantes del buen pop melódico. Podría parecer que Chris Garneau llega tarde. Este cantautor aterriza en nuestro país cuando gente como Damien Rice, Sufjan Stevens o Rufus Wainwright -con el que le han comparado sin parar en los últimos meses- ya han alcanzado su máxima popularidad y ahora lo que parece que se lleva es otra cosa. Sin embargo este jovencito ha estado todos estos años aprendiendo de éstos y de su maestro por antonomasia, Elliott Smith.
En él, Garneau sobresale como un excelente letrista capaz de sacarle punta a cualquier situación y demuestra que no ha olvidado su formación clásica, que tiene una presencia bastante significativa a nivel musical.
Chris Garneau, un intérprete sensible que hace canciones fundamentalmente acompañado por un piano (y modestísimos arreglos de cuerda). Es música intimista, casi de luz de mesilla y habitación oscura, mientras la audiencia se deja transportar por la melodía. Entre los músicos a los que se citan reiteradamente como referencia están Damien Rice, Elliott Smith (de quien incluye en el disco físico, como Bonus Track, una versión de su Betweeen The Bars), Sufjan Stevens, … Trece canciones que mantienen un nivel excelente, siendo al tiempo variadas pero conectadas. Música muy romántica, introspectiva y sensible. Sus melodías de piano se convierten entonces en su seña de identidad y sus orquestaciones podrían emparentarle con Wainwrigh, sólo que en su caso son mucho más austeras. Como Rufus ya tenemos uno, y nos sobra, nos quedamos con la sensibilidad que transmite en cortes como 'Black and Blue', 'Relief', 'Not Nice' o la versión se 'Between the Bars' de su adorado Smith.
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Tracklisting
- "Castle-Time" – 3:58
- "Relief" – 3:45
- "Black & Blue" – 5:32
- "Saturday" – 2:21
- "So Far" – 4:23
- "First Place!!!" – 4:14
- "Hymn" – 1:40
- "Baby's Romance" – 4:37
- "Not Nice" – 5:31
- "Blue Suede Shoes" – 3:09
- "We Don't Try" – 3:41
- "Sad News" – 6:01
- "Halloween" – 4:52
- "Between the Bars" (Elliott Smith cover) – 3:05
A estas alturas, en las que todo cantautor que se precie sabe hacer un disco bonito con los mismos elementos y es tan difícil que uno sobresalga entre tanta homogeneidad, Chris Garneau aparece como la nueva voz más potente del género.
A Chris Garneau le gusta definirse como intérprete de pop barroco. Cabría añadir que es un pop barroco no demasiado barroco. Porque la sutileza de los arreglos de cuerda y teclados que inyecta a sus baladas no encaja con adjetivos propios del barroco, como podrían ser excesivo o recargado. Este estadounidense se asemeja más a un émulo de Elliott Smith, su ídolo, que aplica lo del "a flor de piel" de una manera más amanerada, o teatral, más de piano dolido a lo Rufus, con un sentimiento trágico de la vida reflejado en unas letras negrísimas, las de su debut “Music For Tourists”.
En cualquier caso, este disco de Chris es ya uno de mis favoritos para esas veladas amorosas que requieren prolegómenos, de las que se toman su tiempo (y que necesitan su tempo) para culminar. Es fantástico tener a tu propio (y discreto) pianista amenizándote la velada mientras tú te concentras en aprovechar la belleza que se escucha por los altavoces.
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