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2008-11-28

TEORIA DE LAS CRISIS CAPITALISTAS

El modo de producción y consumo en el cual estamos insertos sufre una crisis financiera, entender en este contexto algunas teorías como la del salario, el beneficio, el problema del trabajo, y la de la tasa decreciente son pilares fundamentales para poder llegar a comprender lo que es una de las crisis cíclicas mas importantes del capitalismo. La siguiente reseña esta diseñada a partir de los apuntes que tome como alumno de la materia de Economía II cátedra Pablo Rieznik con el profesor Claudio Katz (Profesor UBA e Investigador del CONICET. Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI - Economistas de Izquierda) de la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires. A quien por supuesto libero de las propias interpretaciones que puedo realizar.


TEORIA DE LAS CRISIS

Bajo el modo de producción capitalista , las crisis se caracterizan por ser crisis de sobreproducción, lo que la diferencia de otros modos de producción, donde existían crisis de subproduccion por motivos extraeconómicos como las guerras, catástrofes climáticas, etc.

Sobreproducción: muchos bienes y sujetos que no pueden comprar esos bienes. Este es el problema que debe ser explicado.



CLASICOS / ORTODOXOS

El fenómeno de sobreproducción es parcial, obedece a una distorsión del proceso económico que genera una oferta superior a la demanda.

En la sociedad capitalista la base es el intercambio generalizado de mercancías. Es decir, que cada vendedor de mercancías, cualquiera sea el tipo de mercancías que vende (ya sea un bien producido con sus propios medios de trabajo, un bien que el capitalista hace producir a sus asalariados, o la fuerza de trabajo que el obrero vende), todos realizan como vendedores y luego compradores,  el ciclo: M-D-M.

Para la economía clásica, desde Jean Baptiste Say (Ley de Say), se considera que la mediación del dinero en este M-D-M, es sólo una molestia innecesaria. La mediación del dinero tiene como fin facilitar el intercambio, pero no genera alteraciones cualitativas. Es decir que M-D-M es igual que M-M, el intercambio directo, o trueque.

Este artilugio es clave para dos cosas. Uno, para fundamentar la fuerte vinculación entre producción y demanda, ya que son la misma cosa y el rol de la producción no es otro que satisfacer la demanda. Dos, para afirmar que la producción siempre genera su capacidad de demanda como polo opuesto. Como son la misma cosa, la generación de oferta garantiza automáticamente la existencia de una demanda equivalente. En consecuencia, según Say, siempre que la gente oferte más trabajo del que las empresas demanden se producirá un exceso de oferta, por lo que se reducirá el precio ( salario) para así arribar nuevamente a la situación de equilibrio. Si no se llega a aquella situación, se debe a que los trabajadores no están dispuestos a bajar sus pretensiones.

HETERODOXOS

s.XIX. Uno de los primeros críticos a la Ley de Say fue el llamado socialista romántico Jean Charles  Leonard de Sismondi . Su análisis se basa en las deficiencias del sistema de competencia. Afirma que este no genera el bienestar general sino más bien una concentración de riquezas que polariza a la población. Esta consecuencia provoca además sobreproducción y crisis debido al desequilibrio entre la cantidad de asalariados y los capitalistas. No existe una demanda adecuada que pueda absorber la oferta. Además teoriza la imposibilidad de los productores de medir las necesidades del mercado. Previó la proletarización de la población y la miseria de la clase obrera del siglo XIX. Sin embargo sus soluciones no eran muy aplicables ya que preconizaba un regreso a la producción a pequeña escala. Afirma que el problema es un problema estructural de la demanda, es decir que la sobreproducción es producto del bajo consumo. El capitalita alienta la producción pero no es capaz de generar un poder de compra capaz de satisfacer esa producción. Afirma que este problema puede resolverse mejorando el nivel de ingreso de los trabajadores, lo cual dará paso en el futuro a las teorías keynesianas y socialdemócratas.

s.XX. John Keynes, contradice la ley de Say, sosteniendo que al generarse un exceso de oferta no disminuye el precio, sino que el mercado se mantiene un largo tiempo en situación de desequilibrio o desempleo ( Según Say nunca habría desempleo porque siempre que se oferte trabajo, éste se demandará).

El gasto de consumo depende de los ingresos, y a su vez de la denominada por Keynes “ley psicológica fundamental”. Según esta ley, un incremento en el ingreso total se traduce en un incremento del Consumo pero de tal forma que la variación del ingreso sea mayor que la variación del consumo debido a  las características psicológicas de la sociedad. Explica que las personas tienen una propensión natural al consumo, y que prefieren ahorrar debido a que la economía es prospera pero al mismo tiempo genera desconfianza, lo cual provoca una baja del consumo.

En resumen, es la de Keynes una teoría de crisis por bajo consumo o baja demanda, el problema no es producir mucho sino consumir poco y que estas crisis no se autorregulan por si solas a través del mercado sino que necesitan de la intervención del Estado. Keynes, argumenta que la solución a este estado de desequilibrio debe provenir desde el Estado, el cuál deberá poner en práctica la política económica traducida tanto en políticas fiscales, aumentando el gasto público, interfiriendo en la cuestión impositiva y demás, como en políticas monetarias e incentivando el consumo y generando confianza para ello.

MARXISTAS

Objetan ambas teorías las ortodoxas y las heterodoxas.

1. La sobreproducción no es un acontecimiento parcial, episódico y auto corregible por el mercado, sino que esta intrínsecamente determinado por la lógica propia del modo de producción capitalista, la de la competencia ciega por el beneficio. La producción no esta regulada, por lo que no se produce en función de lo que se necesita, sino que se produce por la competencia para obtener mayores ganancias.

2. La idea de que el problema del bajo consumo se resuelve aumentando el poder de compra de los sujetos atenta y torna negativo la lógica del beneficio, ya que por ejemplo un aumento de los salarios y un control de precios (inflación) provocaría una disminución del beneficio del capitalista, lo que atenta contra la base misma del sistema.

El objetivo que impulsa la producción capitalista es el del máximo beneficio, es decir, la lucha por la apropiación de la plusvalía producida por el trabajo humano, la única fuente generadora de valor, que se valoriza en el mercado a través de la venta de mercancías.

En el capitalismo lo importante no es la satisfacción de las necesidades sociales sino la obtención de ganancia: si no hay posibilidad de ganancia, de realizar la plusvalía, el capitalista no producirá. Lejos del cuadro idílico que los economistas burgueses pretenden pintar sobre el funcionamiento lógico y ordenado del capitalismo, el marxismo explica el carácter anárquico de la producción capitalista, dirigida por las fuerzas ciegas del mercado y el afán de lucro individual de los capitalistas. Esta es la razón por la cual la acumulación capitalista siempre choca contra límites objetivos. El marxismo sitúa las causas de las crisis capitalistas en el propio corazón del sistema, en la contradicción derivada del carácter social que la producción adquiere bajo el capitalismo y el carácter individual, privado, de la apropiación.

A diferencia de otros modos de producción y formaciones socioeconómicas anteriores, los propietarios de capital, acuciados en todo momento por la competencia de otros capitalistas que concurren en el mercado, se ven obligados a revolucionar incesantemente las técnicas de producción, renovar los medios de producción e intensificar la explotación de la fuerza de trabajo asalariada (aumentando la plusvalía absoluta y relativa). Como resultado, entre los dueños de capital se desata una feroz competencia por conseguir una tasa de beneficios mayor, hecho que tendrá implicaciones dramáticas para el funcionamiento general del sistema. De forma permanente, el capital afluye hacia aquellas ramas de la producción que ofrecen más margen de ganancia, aunque ello implique un elevado desembolso de capital fijo, y un aumento paulatino en la composición orgánica de capital.

Los capitalistas invierten sus capitales movidos por la ganancia: si piensan que pueden obtener beneficios rápidos y mayores en determinadas ramas de la producción, no dudarán en invertir en ellos la mayor parte de capital que puedan, recurriendo al crédito bancario y al endeudamiento masivo. Si no lo hacen perderían posibilidades de ampliar su cuota de beneficios. Pero este proceso no puede ser ilimitado, aunque el afán de ganancia lo sea. Al final se produce una sobreinversión de capital, es decir las inversiones no se amortizan tan rápidamente porque el mercado se empieza a saturar de mercancías. El efecto inevitable de esta sobreinversión en bienes de capital es la sobreproducción, tanto de bienes de consumo como de medios de producción, y la sobrecapacidad productiva instalada.

En definitiva, existe demasiada abundancia de todo, una abundancia que el mercado, en un momento dado, no puede absorber. A partir de determinado punto, comienza la fase de crisis, con una espiral de caída en la tasa de beneficios, desinversiones, despidos masivos, cierre de fábricas. En resumen, la destrucción de fuerzas productivas se apodera del ciclo económico.

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