Tomando estos principios formales -intrínsecos con el contenido-, el maestro italiano Bellocchio nos propone además, un simbolista ensayo barroquista y onírico -nunca un simple biopic, ni melodrama al uso-, superponiendo acciones consecutivas como una serie de fotografías tomadas a gran velocidad e impresas en un solo plano, o por lo menos esta es la sensación elíptica -y de significación del relato- que se maneja, propuesta desde el punto de vista íntimo de Ida (Giovanna Mezzogiorno), y a través de su emocional mirada, como esta su locura personal (el abandono del joven Mussolini), percute finalmente en el delirio, también de secuestro visceral y colectivo de todo un pueblo que va degradándose (de aceptación ardorosa, amorosa del líder caudillo), sirviendo aún más como catalizadora testigo del cómo se va entretejiendo la estrategia de la araña de la historia (queda acentuada la idea por una iluminación en tonos ocres), y que acaba por explorar las aguas turbulentas del fascismo, su nacimiento, su mutación, desarrollo, y expansión, y que así mismo se retroalimenta, al tiempo, en un primer momento tiene que ver más con el sujeto del enamoramiento apasionado y el ideal -el joven Mussolini-, es decir con la ficción narrativa, cuya figura parece dar paso en una segunda parte a la imagen idolatrada y virtualmente real, infiltrada por el documento extasiado, transformado en un icono marmoleo lejano (para Ida, después de ser recluida y encerrada en el centro mental, y separada de su hijo natural, hijo del dictador fascista), pero vibrante también (gracias a la imagen y propaganda), dentro de la sociedad cautivada que se alimenta de la bestia, y es al mismo tiempo deudora cómplice de su destino trágico (el papel de la Iglesia, de la monarquía, la nobleza y la alta Burguesía, las instituciones políticas y judiciales y policiales y económicas financiadoras y sostenedoras del sistema, pero también del pueblo partícipe que pierde su condición obrera, apartándose de los valores democráticos y suscribiendo el personalismo salvador), reformulado como una catarsis operística siempre in crescendo (que se acentúa gracias a su composición musical), cuyas voces se proyectan, dejando en las cunetas de la invisibilidad a las víctimas.
Critica de Jesús Miguel Sáez González
Marco Bellochio
Marco Bellochio y Daniela Ceselli
Giovanna Mezzogiorno, Fillipo Timi, Corrado Invernizzi, Michela Cescon, Fausto Russo Alesi
Daniele Ciprì
Francesca Calvelli
Carlo Crivelli
Marco Dentici
Mario Gianani
Olivia Sleiter
Offside, Celluloid Dreams, Instituto Luce
Presentada en el BAFICI 2010 donde se dijo:
A primera vista, el director de I pugni in tasca no parece la opción más apropiada para un biopic de época, de esos donde el vestuario y los decorados cobran tanto protagonismo como los héroes a menudo encorsetados en la realidad histórica. Pero Bellocchio no agarra cualquier figura: su foco es Benito Mussolini, y su mirada -tangencial y particular- la de una amante desconocida hasta hace pocos años. Ida Dalser (Giovanna Mezzogiorno) era una joven burguesa que dilapidó su fortuna en una temprana aventura periodística del futuro Duce. A cambio, él le dio un hijo –su primogénito, como ella se encargará de aclarar a todo el que se cruce en su camino– antes de desaparecer para siempre. Desde entonces, el mundo de Ida va reduciéndose a un laberinto de abogados, doctores, monjas y psiquiatras que mantendrán oculta la identidad de Ida y su hijo Benito. La pasión y la soberbia van dando paso a un mundo obsesivo y enfermizo, en el que la vida de Ida se reduce a un solo e imposible objetivo: obtener el reconocimiento del hombre que ama.
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